agosto 20, 2026

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Descubren la asombrosa rareza del misterioso «planeta rosa» en el espacio

Descubren la asombrosa rareza del misterioso "planeta rosa" en el espacio

GJ 504 b es un objeto astronómico que ha despertado el interés de los científicos debido a su inusual tonalidad rosada, una característica poco común entre los cuerpos celestes, y su impresionante masa, que es 25 veces superior a la de Júpiter. La naturaleza de este cuerpo sigue siendo un enigma sin resolver: los astrónomos aún se encuentran en el proceso de determinar si se trata de un planeta gigante gaseoso o de una enana marrón.

La dificultad para clasificar a GJ 504 b radica en que es uno de los cuerpos de masa planetaria más fríos jamás observados directamente desde la Tierra. Con una temperatura que ronda los 290 °C, comparable a la de un horno convencional, su estudio se ve complicado por su órbita alrededor de una estrella similar al Sol, cuyo brillo intensifica las dificultades para realizar observaciones precisas. A pesar de estar a solo 57 años luz de nuestro planeta, el escaso brillo de GJ 504 b ha dificultado la exploración detallada de su atmósfera.

Hasta este momento, la información sobre las características de GJ 504 b se había obtenido principalmente a través de mediciones de brillo y color. Sin embargo, un reciente estudio ha proporcionado el análisis más exhaustivo de este presunto exoplaneta, utilizando el telescopio espacial James Webb. Los hallazgos han aportado valiosos datos que ayudan a desentrañar su misterio. Independientemente de su verdadera naturaleza, GJ 504 b parece estar rodeado de nubes compuestas por sales metálicas.

Análisis de la atmósfera de GJ 504 b

A través del análisis espectroscópico, se identificaron diversas moléculas en la atmósfera de GJ 504 b, incluyendo vapor de agua, metano, dióxido de carbono y amoníaco. Sin embargo, los modelos atmosféricos que no consideraban nubes generaban resultados que resultaban difíciles de justificar. Al introducir nubes compuestas de sales en sus simulaciones, los investigadores lograron reproducir las observaciones del James Webb con mucha más precisión. «Realizamos simulaciones con nubes y los resultados coincidieron con lo que sabemos sobre los planetas fríos. Probar diferentes tipos de nubes mostró que las de sal eran las que mejor se ajustaban», explicó Aneesh Baburaj, autor principal del estudio y científico de la Universidad de Northwestern.

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Las nubes que plantea el equipo de investigación son significativamente diferentes de las que observamos en la Tierra. En lugar de estar compuestas por gotas de agua, estos modelos sugieren la presencia de partículas de cloruro de potasio y sulfuro de zinc en la atmósfera. A temperaturas cercanas a los 300 °C, estos compuestos pueden condensarse y formar nubes que alteran la luz que proviene de las capas internas de GJ 504 b. Este fenómeno de filtrado se alinea notablemente con las señales detectadas por el telescopio.

La delgada línea entre planetas y enanas marrones

La clasificación de un objeto celeste como un planeta gigante o una enana marrón es fundamental para comprender su proceso de formación. Los planetas se generan a partir de gas y polvo alrededor de una estrella joven, mientras que las enanas marrones surgen cuando una nube de gas colapsa como una estrella, pero sin alcanzar la masa necesaria para iniciar la fusión nuclear.

En el caso de GJ 504 b, la edad del sistema planetario añade otra capa de complejidad al debate. Algunas estimaciones apuntan a que el sistema es relativamente joven, lo que sugiere una masa más baja y favorece la consideración de que se trata de un planeta. Otras investigaciones, sin embargo, indican que el sistema podría ser miles de millones de años más antiguo, lo que implicaría que el objeto es significativamente más masivo y se asemejaría a una enana marrón.

El hallazgo de nubes de sal no resuelve por completo la interrogante sobre la naturaleza de GJ 504 b, pero sí ofrece una nueva pista. El análisis de su atmósfera indica que podría tener una mayor concentración de carbono y oxígeno en comparación con su estrella madre. Este enriquecimiento químico podría ser un indicativo de su formación planetaria, considerando que los planetas gigantes tienden a acumular más elementos pesados que aquellos que se desarrollan como estrellas. Aunque la evidencia no es concluyente, este estudio acerca a los astrónomos a desentrañar un misterio que han estado investigando durante más de una década.

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