septiembre 5, 2026

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Guardianas del Agua: La Lucha de la Cultura Mapuche Contra los Data Centers en la Patagonia

Guardianas del Agua: La Lucha de la Cultura Mapuche Contra los Data Centers en la Patagonia

Moira Millán, una destacada figura mapuche, comparte una profunda reflexión sobre la importancia de los ríos en los sueños: “Cuando aparece un río o un arroyo, es fundamental prestar atención. El color del agua revela el estado del alma”. Esta sabiduría ancestral proviene de su experiencia como weychafe, término que significa «guerrera» en mapudungun, y que reside a la orilla del río Corcovado en la provincia argentina de Chubut. Desde su hogar en el Lof Pillán Mahuiza, Millán destaca la pureza y libertad del agua, conocida como ko, que fluye por el territorio de Puelwillimapu en forma de ríos, vitales no solo para la agricultura y la fauna, sino también como fuente esencial de vida.

En la cosmovisión mapuche, cada elemento natural posee un newen, o fuerza vital. La extracción de recursos no puede realizarse sin solicitar permiso, ya que el ser humano, o che, es considerado una parte integral de un sistema interconectado, no el propietario de la tierra. Sin embargo, la pregunta que surge es: ¿qué ocurre cuando estos recursos comienzan a escasear?

Nélida Askalipe, miembro de la comunidad Nahuelpan en Chubut, plantea una inquietante cuestión: “¿Cómo se vive sin agua?”. En la precordillera, las mujeres enfrentan el desafío de caminar hasta seis kilómetros para asegurar el acceso al agua en sus hogares, enfrentando las duras realidades de la escasez, el hambre y la pobreza. Además, se posicionan en contra de las instituciones que, a su juicio, han comprometido la reciprocidad natural en nombre del progreso. “Luchamos porque somos conscientes de las consecuencias de la destrucción de la tierra, como si fueran nuestros propios cuerpos”, afirma Askalipe.

El auge de la inteligencia artificial y sus implicaciones para la Patagonia

Esta conexión entre el cuerpo y el territorio ha llevado a las mujeres mapuches a convertirse en voces prominentes en la lucha contra la megaminería y otras formas de extractivismo en la Patagonia argentina. Ahora, se enfrentan a un nuevo reto: la expansión de la infraestructura de inteligencia artificial.

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En junio, el presidente Javier Milei publicó una carta en el Financial Times, donde expuso su visión para Argentina en relación a la inteligencia artificial: «Buscamos crear un ambiente legal y fiscal atractivo para las empresas de IA, que definirá el siglo XXI». Aseguró que la IA podría liberar a la humanidad de las limitaciones del cerebro humano y elevar la productividad a niveles impensables.

Jessica Gentile, coordinadora del colectivo socioambiental Red Ecosocialista, reconoce la importancia de la IA como un avance tecnológico significativo, pero redirige el enfoque hacia la cuestión de para quién se implementa esta transición. Gentile sugiere que las decisiones del gobierno están orientadas a facilitar a las grandes corporaciones de Silicon Valley, como Palantir Technologies, el acceso a la Patagonia, una de las reservas de agua y gas más importantes del mundo.

Ante la creciente demanda de recursos informáticos, en junio de 2026, el Gobierno presentó el Súper RIGI, que amplía el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, orientado a nuevas industrias, incluidos los megacentros de datos para IA. Este proyecto, que aún está en espera de aprobación, propone beneficios significativos como arancel cero para importaciones y una reducción de contribuciones patronales.

La realidad del consumo hídrico y su impacto en comunidades locales

Emiliano Kargieman, cofundador de Satellogic, anunció en una entrevista sus planes para establecer el primer data center de inteligencia artificial en América Latina, respaldado por OpenAI. Tres provincias compiten por este proyecto, que promete un “derrame económico”, mientras que las comunidades locales observan con recelo. La docente e investigadora Danila Suárez Tomé critica la narrativa que vincula la expansión de la IA y los data centers con el progreso, subrayando la gran cantidad de energía y agua que consumen para operar.

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En un contexto donde la Patagonia atraviesa severos problemas de estrés hídrico, la instalación de data centers podría intensificar la competencia por el agua. Neuquén ha prorrogado su Emergencia Agraria por sequía, mientras que Chubut también ha declarado su propia emergencia hídrica. En este escenario, se han propuesto proyectos como el Atlas GigaHub, que, aunque prometen ser alimentados por energías renovables, no han especificado sus necesidades de agua, generando preocupación entre las comunidades.

La falta de transparencia en el consumo hídrico por parte de los data centers complica aún más la situación. A nivel global, se estima que estos centros consumieron alrededor de 560,000 millones de litros de agua en 2023. Argentina carece de legislación que regule el impacto de los data centers en los ecosistemas hídricos, lo que podría permitir que el agua sea considerada un simple insumo por los inversores, según Cristian Fernández, de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales.

La resistencia de las comunidades mapuches ante el extractivismo

Desde las orillas del río Corcovado, Moira Millán se refiere a la situación actual como una crisis de «refugiados ambientales», con familias que se ven obligadas a abandonar sus territorios ancestrales debido a la falta de agua. Millán y Askalipe comparten su desconfianza ante los proyectos gubernamentales, argumentando que estos pueden tener efectos devastadores en las cuencas hídricas.

Vilma Pérez, de la Unión de Asambleas de Comunidades Trelew, destaca la falta de agua en los barrios populares y el impacto de las desviaciones de empresarios en los ríos locales. Irma Caupán Perriot, psicóloga social de origen mapuche, advierte que los data centers son solo un añadido a la problemática existente de la minería y el fracking, lo que constituye una amenaza para el ecosistema y la vida de las comunidades. Este fenómeno ha sido denominado “terricidio”, un término que busca describir la destrucción sistemática de la Tierra y todas las formas de vida.

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Las mujeres mapuches han liderado muchas de las luchas contra el despojo y el extractivismo en las últimas tres décadas. Desde el rechazo a proyectos de minería hasta la defensa de los ríos, su resistencia es un testimonio del profundo vínculo que tienen con su territorio. Moira advierte que las mujeres que aún preservan los cauces de agua son las más vulnerables en este contexto.

La lucha colectiva por el agua y la vida

Irma, oriunda de Esquel y ahora residente en Buenos Aires, enfatiza que la lucha por el agua trasciende las fronteras y no es exclusiva de las mujeres mapuches. “Defender la tierra es defender nuestra causa, que es la causa de todos”, afirma. A pesar de que en Buenos Aires el agua fluye sin problemas, es esencial recordar que esta realidad no es universal.

Nélida, desde Nahuelpan, refuerza la conexión entre el territorio y la comunidad, indicando que Buenos Aires es parte de la tierra y que su defensa es crucial. La preocupación por el futuro de las próximas generaciones impulsa a estas mujeres a seguir luchando por el “buen vivir”, un concepto que abarca la interconexión entre la tierra, el agua y la vida.

“Vamos a continuar defendiendo nuestros territorios, porque son el espacio donde vivimos, respiramos y donde se entrelazan nuestro pasado y presente”, concluye Nélida, reafirmando el compromiso de las comunidades mapuches en la defensa de sus derechos y su entorno.