agosto 20, 2026

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Descubre las Lenguas Olvidadas: La Diversidad Lingüística de la Humanidad Más Allá de la Historia

Descubre las Lenguas Olvidadas: La Diversidad Lingüística de la Humanidad Más Allá de la Historia

La narrativa de la historia humana a menudo se centra en imperios, migraciones, conflictos y ciudades emblemáticas. Sin embargo, de manera paralela, se ha desarrollado un proceso menos evidente: la merma de la diversidad lingüística que una vez fue floreciente. Recientemente, se ha llevado a cabo una investigación publicada en la revista Science que empleó modelos demográficos para analizar cómo ha variado el número de lenguas desde el Holoceno, un periodo que comenzó hace aproximadamente 12,000 años, coincidiendo con el final de la última gran era de hielo.

Los hallazgos sugieren que la diversidad lingüística experimentó un incremento inicial, en consonancia con el crecimiento de la población humana, alcanzando su cúspide entre hace 2,000 y 3,000 años. El modelo principal postula que en ese entonces, las diversas poblaciones humanas podrían haber hablado alrededor de 30,000 lenguas, en contraste con las 7,500 que se calculan en la actualidad. Posteriormente, se inició un proceso de disminución que ha perdurado hasta nuestros días.

Metodología del estudio

Para reconstruir esta historia con escasos registros directos, el equipo de investigación combinó estimaciones sobre la población mundial con datos etnográficos de 171 grupos de cazadores-recolectores. Este enfoque permitió establecer una base para comprender la relación entre el tamaño de las comunidades, su movilidad y la disponibilidad de recursos en relación con el número de lenguas.

El análisis se centró en comunidades nómadas que no dependían de caballos y se sustentaban en la caza, la pesca o la recolección, con el fin de evitar que factores como la agricultura o la vida sedentaria distorsionaran las estimaciones sobre la densidad poblacional. Los investigadores tomaron como unidad de análisis al grupo etnolingüístico, es decir, una comunidad que comparte una identidad social y un idioma, aunque reconocieron que estas fronteras no siempre son nítidas. Una persona puede dominar múltiples lenguas y pertenecer a diferentes grupos, utilizando cada lengua en contextos específicos.

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A pesar de estas complejidades, los datos revelaron un patrón útil para el modelo. El 87% de las lenguas evaluadas estaba asociado a un solo grupo etnolingüístico, sugiriendo así una estrecha correlación entre las comunidades diferenciadas y sus respectivos idiomas. Sin embargo, había excepciones notables. Algunos pueblos indígenas de América del Norte, como los shoshoni, y grupos que cazaban caribúes, recorrían vastos territorios y lograban mantener una misma lengua entre comunidades separadas, gracias a su movilidad, lo que les permitía conservar amplias redes de contacto.

El impacto de la movilidad y los recursos

Cuando un grupo se fragmentaba, las comunidades resultantes podían seguir comunicándose durante generaciones. Sin embargo, con el tiempo, la distancia y la disminución del contacto comenzaban a alterar sus formas de hablar. Partiendo de esta relación, el estudio utilizó el tamaño de los grupos para estimar cuántas lenguas podían haber existido hace 12,000 años, cuando la población mundial se estimaba entre 4.4 y 7 millones de personas. Aunque esta cifra era considerablemente menor que la actual, las comunidades estaban diseminadas y eran pequeñas.

El modelo estableció un límite de 6,000 personas como el tamaño máximo de un grupo nómada, tomando como referencia a los inuit de la isla de Baffin. La disponibilidad de recursos también desempeñaba un papel crucial en determinar cuántas personas podían permanecer juntas y el área que necesitaban abarcar. En estas sociedades, el crecimiento poblacional podía facilitar la formación de nuevos grupos y, con el tiempo, la aparición de más lenguas.

Los investigadores experimentaron con diferentes enfoques para asegurar que los resultados no dependieran de una sola metodología, considerando que comunidades cercanas podían compartir prácticas, tecnologías o fragmentos de su historia. El patrón general se mantuvo: a medida que la población mundial aumentaba, también lo hacía el número estimado de lenguas. Sin embargo, estas cifras no avanzaron siempre de manera paralela.

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El papel de la agricultura y los estados

La introducción de la agricultura, los asentamientos permanentes y el desarrollo de nuevas tecnologías contribuyeron a la expansión de las sociedades, permitiendo que más personas compartieran un mismo idioma. Con el tiempo, la formación de estados, imperios y extensas redes favoreció la difusión de ciertas lenguas en detrimento de comunidades más pequeñas. Estos resultados sugieren que la disminución de la diversidad lingüística comenzó antes del colonialismo moderno, iniciándose cuando sociedades más grandes, con lenguas dominantes, comenzaron a extenderse por el mundo.

Limitaciones de los registros históricos

Un segundo hallazgo relevante del estudio es que los textos antiguos no son suficientes para determinar con precisión cuántas lenguas existían. Antes del siglo XVIII, no había registros globales sobre lenguas, y la mayor parte de la información provenía de estados, textos religiosos, exploradores o autores como Estrabón, Heródoto y Ptolomeo, que describían solo a los pueblos que conocían directamente o a través de relatos de terceros. A menudo, agrupaban comunidades distintas bajo una misma nomenclatura.

Términos como «bárbaros», «aborígenes» o «chinos» podían abarcar a varios pueblos que no necesariamente compartían el mismo idioma. Incluso los registros más recientes pueden resultar limitados; por ejemplo, durante casi un siglo se estimó que Australia tenía alrededor de 250 lenguas indígenas, pero una revisión de diversas listas aumentó esta cifra a entre 400 y 450. En la península ibérica, las inscripciones y escritos de Estrabón permiten identificar cerca de 30 grupos anteriores a la expansión del latín, aunque no es posible determinar cuántas lenguas hablaban o cómo estaban relacionadas entre sí. De ese contexto, solo el euskera ha perdurado hasta la actualidad.

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Estos ejemplos destacan la probabilidad de que los registros históricos subestimen la diversidad lingüística del pasado, dado que muchas lenguas pudieron haber desaparecido sin dejar rastro escrito, mientras que otras son conocidas únicamente a través de inscripciones breves, el nombre de las comunidades o un puñado de palabras.