agosto 29, 2026

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Lecciones del “internet socialista” de Salvador Allende: Un insólito experimento chileno que transforma nuestra visión digital

Lecciones del “internet socialista” de Salvador Allende: Un insólito experimento chileno que transforma nuestra visión digital

En 1970, Chile inició un audaz experimento político que despertó el interés y la preocupación de Washington: la implementación de un camino democrático y pacífico hacia el socialismo. La elección de Salvador Allende como presidente marcó el comienzo de un proceso orientado a transformar la economía nacional sin renunciar a las instituciones democráticas, las libertades civiles ni al Estado de derecho. Este ambicioso proyecto, conocido como “la vía chilena al socialismo”, dio lugar a diversas iniciativas de planificación central, entre ellas un innovador y poco convencional programa para su época: el proyecto Cybersyn.

Cybersyn se propuso integrar computadoras, redes de comunicación y principios de cibernética para asistir al gobierno en la gestión de una economía cada vez más controlada por el Estado. Hoy, este experimento es apodado “internet socialista” o “el internet de Allende”, aunque su historia sigue siendo poco conocida, incluso en Chile. Resulta fascinante imaginar la sorpresa y el escepticismo de las generaciones más jóvenes al descubrir que un gobierno latinoamericano en los años 70 intentó desarrollar un proyecto socialista apoyado por una visión futurista y la tecnología de su época, que no era precisamente de vanguardia. A pesar de ello, el proyecto se llevó a cabo.

La ruta hacia el internet socialista

El contexto político en América del Sur a principios de los años 70 era complejo y tenso. Chile se destacaba en la región por su larga tradición democrática, habiendo disfrutado durante 40 años de un periodo ininterrumpido de gobiernos democráticos, algo sin precedentes en la vecindad. Sin embargo, el país también se encontraba en medio de la Guerra Fría. Mientras que naciones colindantes como Paraguay y Brasil estaban bajo dictaduras militares apoyadas por Estados Unidos, el gobierno de Richard Nixon observaba con preocupación el triunfo democrático de Allende. Entre 1962 y 1969, Washington había destinado más de mil millones de dólares en ayuda a Chile a través de la Alianza para el Progreso, un programa diseñado para evitar que los sectores populares se acercaran al comunismo, lo que podría amenazar sus intereses económicos en el país, sobre todo en la minería del cobre. Tras la elección de Allende, Estados Unidos adoptó una estrategia más agresiva para frenar el avance del socialismo chileno, que incluía apoyo a partidos y medios opositores, recortes en la ayuda económica y restricciones para dificultar el acceso de Chile al crédito internacional.

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Simultáneamente, el gobierno de la Unidad Popular avanzaba rápidamente en la nacionalización de empresas. Para 1971, había transferido al sector público las principales compañías mineras y numerosas industrias clave del país. Sin embargo, esta transformación económica planteó un desafío práctico para Allende: ¿cómo podía un gobierno gestionar un sector estatal que crecía a un ritmo tan acelerado? La respuesta que algunos funcionarios comenzaron a explorar era la cibernética, una disciplina científica emergente que estudiaba los mecanismos de comunicación y control en máquinas, organismos y sistemas complejos.

La historia de Cybersyn

Eden Medina, investigadora en el Programa de Ciencia, Tecnología y Sociedad del MIT, relata esta intrigante historia en su libro «Cybernetic Revolutionaries: Technology and Politics in Allende’s Chile». Salvador Allende era, sin duda, la figura emblemática del gobierno de la Unidad Popular, pero había otros personajes igualmente cruciales en este relato. Medina destaca a Fernando Flores, un joven ingeniero que ocupaba un puesto clave en la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO). En julio de 1971, Flores envió una carta a Stafford Beer, un destacado científico británico en cibernética aplicada a la administración de empresas, preguntándole cómo podrían aplicarse sus innovadoras ideas para gestionar no solo una empresa privada, sino la economía de un país entero. Beer aceptó la invitación y, cuatro meses después, llegó a Chile como consultor del gobierno.

“Créanme, renunciaría a cualquiera de mis contratos actuales por la oportunidad de trabajar en esto”, escribió Beer a Flores. “Eso se debe a que creo que su país realmente lo va a lograr”. La propuesta de Stafford Beer se basaba en su comprensión del sistema nervioso humano: un sistema complejo podría operar de manera más eficiente si lograba un equilibrio entre el control centralizado y la autonomía local. En lugar de que el gobierno supervisara cada actividad económica, la cibernética permitiría recopilar información, identificar problemas y centrar la atención en los sectores que requirieran intervención. Inicialmente, Beer denominó su propuesta Project Cyberstride, un sistema de información y control para la economía industrial.

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Desarrollo y desafíos de Cybersyn

El proyecto debía funcionar a pesar de las limitaciones tecnológicas y económicas de Chile, que contaba con solo cuatro computadoras centrales, todas muy solicitadas. Beer logró acceder a una de ellas y, para conectar las industrias nacionalizadas, el equipo utilizó máquinas de télex vinculadas a la red telefónica, satelital o de microondas. Entel disponía de 400 máquinas compradas en la década anterior que nunca se habían instalado, lo que permitió construir una red nacional sin depender de nuevas importaciones, algo crítico en medio de escasez de divisas y el bloqueo financiero impuesto por Estados Unidos.

El núcleo informático era Cyberstride, un software diseñado para analizar datos de centros de producción, como fábricas. Utilizaba técnicas de predicción estadística bayesiana para detectar cambios y determinar si los datos indicaban tendencias, saltos repentinos o anomalías pasajeras, pudiendo actualizar sus predicciones a medida que recibía nueva información. La idea era reemplazar los informes extensos que llegaban mensualmente o anualmente por información que permitiera al gobierno reaccionar de manera más ágil ante cualquier eventualidad.

El proyecto también contemplaba CHECO, un simulador de la economía chilena concebido como un laboratorio experimental donde un funcionario del gobierno podría probar diferentes políticas y observar sus posibles consecuencias antes de implementarlas. En marzo de 1972, el equipo chileno creció de 10 a 35 personas y comenzó a trabajar en la versión definitiva del sistema, momento en el que el proyecto recibió el nombre de Cybersyn, una fusión de “cibernética” y “sinergia”. En español, también se le conoció como SYNCO, que significa Sistema de Información y Control.

El impacto y la caída de Cybersyn

En definitiva, Cybersyn se articuló alrededor de cuatro elementos: la red de télex, el software Cyberstride, el simulador económico CHECO y una sala de operaciones, esta última convertida en la imagen más emblemática del proyecto. “La sala de operaciones no debe considerarse como un espacio con piezas interesantes de equipo, sino como una máquina de control en la que los hombres y los artefactos mantienen una relación simbiótica”, escribió Beer, quien también tuvo la oportunidad de mostrar su prototipo al presidente Allende a finales de 1972.

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La utilidad del sistema fue puesta a prueba durante la huelga de camioneros de octubre de ese año. La paralización amenazaba con colapsar la economía y crear condiciones propicias para un golpe de Estado. El gobierno amplió la red de télex para coordinar la distribución de bienes esenciales. Según Beer, la red llegó a transmitir unos 2000 mensajes diarios, lo que permitió monitorear carreteras bloqueadas, localizar camiones y dirigir combustible, materias primas y transporte hacia donde eran más necesarios.

Sin embargo, la experiencia también puso de manifiesto los límites de Cybersyn. Para Fernando Flores, el sistema no podía abordar problemas más complejos como la inflación, la falta de crédito externo, la caída de los precios del cobre, el acaparamiento en el mercado negro o la amenaza de violencia. Beer, por su parte, comenzó a imaginar una aplicación más amplia de la cibernética, en la que los trabajadores pudieran participar directamente en el funcionamiento del sistema y en el diseño de los modelos de las fábricas. Sus críticos, no obstante, veían en Cybersyn una potencial herramienta de vigilancia y concentración del poder estatal.

En agosto de 1973, un nuevo paro de camioneros volvió a poner a prueba la red. Cybersyn permitió identificar camiones, recursos y rutas disponibles, pero no pudo evitar los ataques físicos contra los vehículos y otros medios de transporte. Un mes después, la crisis política avanzó hacia el desenlace violento que todos conocemos. Días antes del golpe militar respaldado por Estados Unidos que puso fin al sueño socialista de Allende, el presidente propuso trasladar la sala de operaciones al Palacio de La Moneda, pero dicho traslado nunca se concretó. Así, el experimento chileno de utilizar la cibernética para crear una planificación central más eficiente concluyó junto con el gobierno que lo había impulsado.

Reflexiones sobre un experimento visionario

Lejos de ser un simple pie de página en la historia política, económica o tecnológica de América Latina, el “internet socialista” de Allende ofrece múltiples lecciones y reflexiones que pueden ser útiles para las nuevas generaciones en la era digital. La periodista Laís Martins las plantea así:

Soberanía tecnológica. En lugar de desarrollar su propio