En las últimas semanas, el debate sobre la identificación de textos generados por inteligencia artificial (IA) ha cobrado fuerza en redes sociales, así como en medios de comunicación, entornos académicos y entre escritores. Muchos se cuestionan si los recursos que emplean en su escritura podrían hacer que sus obras se asemejen a las producidas por máquinas.
Un ejemplo de esta discusión se encuentra en una publicación de Instagram que resalta diversas «señales de que un texto sobre arte ha sido escrito por una IA». Una de las primeras indicaciones mencionadas es el uso del verbo «atravesar», que el post destaca como un término común en los textos generados por estas herramientas.
No obstante, los comentarios en la publicación reflejan una perspectiva diferente; algunos usuarios afirman que empleaban esas expresiones antes de la llegada de ChatGPT y otras IA generativas, mientras que otros señalan que muchos de los recursos citados han estado presentes en la escritura académica, periodística y literaria durante años.
Pangram Labs, una startup dedicada a la detección de contenido producido por IA y plagio, ha investigado estos patrones. Fundada por Max Spero y Bradley Emi, ambos con formación en IA en la Universidad de Stanford, la empresa ha elaborado guías que reúnen señales relacionadas con el vocabulario, la estructura de las oraciones, la extensión de los párrafos, el nivel de detalle y la organización de los textos.
Vocabulario y expresiones recurrentes
Una de las pistas más evidentes de un texto generado por IA es el vocabulario utilizado. En una guía publicada recientemente, Pangram identifica una serie de palabras que tienden a aparecer con frecuencia en estos textos. Entre ellas se encuentran términos como «profundizar», «paisaje», «vibrante», «crucial», «intrincado», «entorno», «innovador», «matices», «significativo», «transformador», «robusto» y «revelar».
Asimismo, la empresa señala ciertas expresiones que se repiten en este tipo de redacciones, tales como «es importante señalar», «en resumen», «en general», «en conclusión», «papel crucial», «es crucial para» y «nuevas perspectivas». Pangram advierte que estas expresiones pueden servir como un punto de partida, pero un texto generado por IA podría no incluir ninguna de ellas, por lo que recomienda examinar varios ejemplos y buscar características recurrentes.
Es relevante considerar el idioma, ya que las palabras y frases que suelen aparecer en textos generados por IA en inglés no necesariamente son las mismas en español, lo que implica que estas señales no deben trasladarse de manera literal entre idiomas.
Estructura y ritmo de las oraciones
Además del vocabulario, Pangram sugiere prestar atención a la construcción de las oraciones. La escritura humana tiende a mezclar frases sencillas con otras más complejas, variando el ritmo a lo largo del texto. En contraste, los textos generados por IA pueden presentar oraciones de longitud y estructura similares, con patrones repetitivos entre los párrafos.
Los aspectos de gramática y ortografía también pueden ofrecer indicios. Según la empresa, los modelos de IA raramente cometen errores ortográficos a menos que se les indique hacerlo. Un texto extenso sin faltas, frases incompletas, cambios de tiempo verbal o irregularidades similares puede resultar sospechoso, especialmente si se combina con un tono y una sintaxis uniformes.
La puntuación también puede ser un indicativo. Por ejemplo, se ha observado que la IA utiliza frecuentemente el guion largo para añadir explicaciones o hacer pausas, mientras que tiende a evitar el uso del punto y coma y de los paréntesis, aunque estas tendencias pueden variar entre diferentes modelos y lenguas.
Generalidades y falta de detalles específicos
Otro aspecto que resalta Pangram es que los modelos de IA tienden a recurrir a generalidades cuando no reciben instrucciones precisas. Frases como «la tecnología está cambiando nuestras vidas» o «este avance tendrá un impacto significativo en la sociedad» pueden sonar correctas, pero carecen de especificidad, es decir, no explican qué ha cambiado, a quién afecta o qué evidencia respalda tal afirmación.
Esto también se refleja en la inclusión de ejemplos, personajes o experiencias. Un texto escrito por un ser humano incluye detalles específicos, como nombres, lugares, fechas y situaciones personales. Aunque una IA puede generar tales detalles si se le solicita, cuando opera bajo instrucciones generales, es probable que produzca ejemplos vagos.
Este fenómeno se manifiesta claramente en textos que abordan experiencias personales. Aunque un modelo puede escribir en primera persona, no posee vivencias propias. Por ello, frases como «esto me enseñó la importancia de perseverar» pueden resultar sospechosas si no se acompañan de un contexto o detalles concretos sobre la experiencia mencionada.
Identificando el estilo y el tono
El tono del texto también es un aspecto a considerar. Cuando la IA no recibe instrucciones detalladas, tiende a adoptar un lenguaje formal a lo largo de toda la redacción. Pangram también señala que suele emplear formulaciones positivas o poco críticas.
Si bien estas características no son determinantes para afirmar con certeza que un texto fue generado por IA, su presencia en conjunto puede generar sospechas. Elementos como la repetición de ideas, la falta de detalles específicos y una estructura excesivamente uniforme pueden ser indicadores de un posible uso de estas herramientas.
Sin embargo, es importante reconocer que estos patrones tienen sus limitaciones. Como mencionaron algunos usuarios en el post sobre arte, muchos recursos asociados actualmente con la IA ya eran utilizados antes de la introducción de estas tecnologías en 2022.
Este cambio en la percepción también ha influido en la manera de escribir de algunas personas. Se han reportado casos de individuos que intencionadamente incluyen errores o simplifican su lenguaje para evitar que sus textos se asemejen a los generados por IA, lo que complica aún más la identificación entre textos humanos y aquellos producidos por máquinas.
Además, los modelos de IA evolucionan y pueden ofrecer respuestas diferentes según las instrucciones que reciben. Por lo tanto, las señales que hoy son fáciles de detectar podrían volverse obsoletas con el tiempo, complicando la tarea de discernir cuándo un texto fue realmente generado por inteligencia artificial.

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