septiembre 5, 2026

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Estrategia de México para transformar agua de mar en potable mediante ósmosis inversa: un proceso innovador y sostenible

Estrategia de México para transformar agua de mar en potable mediante ósmosis inversa: un proceso innovador y sostenible

México se prepara para la construcción de una de las plantas desaladoras más grandes de América Latina, que utilizará tecnología de ósmosis inversa para transformar grandes volúmenes de agua de mar en agua potable. Esta instalación, que tendrá una capacidad de producción de hasta 380,000 metros cúbicos diarios, se ubicará en la comunidad de Rosarito, Baja California. La adjudicación del proyecto fue otorgada a la empresa española Grupo Cox por la Comisión Nacional del Agua (Conagua) como resultado de un concurso público. La inversión total destinada a esta obra asciende a 304 millones de dólares y se espera que esté operativa en un plazo de tres años.

Las autoridades mexicanas, junto con la empresa, estiman que la planta podría beneficiar a alrededor de 2 millones de personas, proporcionando una fuente de abastecimiento adicional y complementaria a la que actualmente ofrece el río Colorado en la región. Esta iniciativa se enmarca en un esfuerzo por mejorar la seguridad hídrica del municipio de Playas de Rosarito y la zona suroeste de Tijuana, una región que ha enfrentado desafíos en el acceso al agua potable.

La tecnología de ósmosis inversa en la desalinización

La ósmosis inversa ha sido adoptada durante las últimas tres décadas como una de las principales técnicas para desalinizar agua de mar. A diferencia del proceso natural de ósmosis, que permite el paso del agua a través de una membrana semipermeable desde una solución menos concentrada a una más concentrada, la ósmosis inversa utiliza presión para forzar el agua marina a atravesar dicha membrana. Este proceso separa las sales, iones y otros compuestos disueltos del agua.

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Las membranas más comúnmente empleadas en estas instalaciones son de poliamida y cuentan con estructuras de película delgada. Sin embargo, la eficacia en la separación de compuestos depende tanto de las características de la membrana como de las propiedades físicas y químicas de los elementos a separar. Por este motivo, es imperativo realizar un pretratamiento del agua, eliminando partículas suspendidas, materia orgánica, microorganismos y otros contaminantes que puedan comprometer el funcionamiento de las membranas.

Una vez tratado, el agua se bombea a través de módulos de membranas a alta presión, generando dos corrientes: el permeado, que es el agua purificada con una menor concentración de sales, y la salmuera, que es el residuo concentrado que permanece tras el proceso y que no es apto para el consumo humano. La presión necesaria para desalinizar agua de mar puede superar las 1,000 libras por pulgada cuadrada (PSI), dependiendo de la salinidad del agua.

Retos energéticos y de residuos en el proceso de desalinización

Uno de los aspectos más críticos de este proceso es su elevado consumo energético. Las plantas que utilizan ósmosis inversa para la desalinización de agua de mar suelen requerir entre 2.5 y 4.0 kilovatios-hora por metro cúbico (kWh/m3) de agua producida. Si se incluyen otros procesos como el pretratamiento y el tratamiento posterior, el consumo total puede oscilar entre 3.5 y 4.5 kWh/m3. Sin embargo, existen sistemas de recuperación de energía que pueden ayudar a disminuir este consumo al aprovechar la presión del flujo de salmuera durante la operación.

El manejo de la salmuera también plantea desafíos significativos. Debido a su alta concentración de sales y otros compuestos potencialmente dañinos, es fundamental gestionar adecuadamente estos residuos antes de su descarga al medio ambiente para mitigar cualquier impacto negativo. Grupo Cox ha señalado que la tecnología que se implementará en esta planta se caracteriza por su eficiencia operativa, la calidad del agua producida y una menor intensidad energética en comparación con otros métodos de desalinización.

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No obstante, la empresa no ha proporcionado detalles sobre las medidas que se implementarán para mitigar los posibles efectos ambientales derivados de la operación de la planta, ni ha especificado los mecanismos que se utilizarán para asegurar un consumo energético más bajo. Sin embargo, los avances en la tecnología de ósmosis inversa han demostrado ser eficaces en la reducción de estos impactos, consolidando esta técnica como una opción viable para abordar la crisis de escasez de agua potable que afecta a más del 25% de la población mundial.