Las aves podrían estar utilizando un sistema de comunicación que recuerda al de los humanos, al emplear sonidos específicos que poseen un significado particular. Este comportamiento fue documentado por Julie Elie, investigadora asociada del Departamento de Neurociencia en la Universidad de California en Berkeley. Su trabajo ha permitido identificar el significado de 11 vocalizaciones de los pinzones cebra, lo que les permite reconocerse entre sí y transmitir información sobre diversas situaciones. Este hallazgo le ha valido a Elie un premio de 100,000 dólares, que destinará a ampliar su investigación.
Durante un periodo de 15 años, la doctora Elie se dedicó a grabar y analizar los patrones de vocalización de estas aves, que son nativas de Australia y algunas islas de Indonesia, tanto en su hábitat natural como en cautiverio. A través de sistemas de aprendizaje automático, logró descifrar la información codificada en los sonidos, clasificando 11 tipos de llamadas y asociándolas con significados que reflejan situaciones como hambre, peligro, interacciones sociales y conflictos. Esta categorización se alinea con los estudios previos del renombrado ornitólogo Richard Zann.
Investigación innovadora sobre el significado de las vocalizaciones
El más reciente proyecto de Elie se enfocó en verificar si la clasificación de vocalizaciones coincidía con la interpretación que hacían las aves. Para ello, diseñó un experimento en el que un grupo de pinzones cebra en cautiverio fue entrenado para responder a una llamada específica después de escuchar las 11 vocalizaciones previamente identificadas. Este experimento consistió en que los pinzones interactuaran con un botón que reproducía aleatoriamente los sonidos del catálogo creado por la investigadora.
Cada día, solo una de las llamadas estaba vinculada a una recompensa. Los pinzones podían cambiar de una vocalización a otra presionando nuevamente el botón. Cuando dejaban de interrumpir un sonido, se consideraba que esa era su elección. Si esta coincidía con la llamada recompensada del día, recibían una semilla como premio. Con el tiempo, las aves aprendieron a identificar cuáles eran las vocalizaciones que pertenecían a la categoría recompensada, y en la mayoría de los casos, sus selecciones coincidieron con la clasificación realizada por Elie.
Hallazgos sorprendentes sobre la cognición aviar
Un hallazgo notable surgió al evaluar los errores cometidos por los pinzones. Elie observó que las equivocaciones generalmente ocurrían entre llamadas con significados similares, en lugar de entre sonidos que compartían características acústicas. En una declaración a medios, la científica destacó que “las respuestas de los pinzones indicaban que poseían una representación mental del significado de sus vocalizaciones. En otras palabras, comprendían el significado de los diferentes tipos de llamadas”.
El trabajo de Elie ha sido reconocido con el prestigioso premio Coller-Dolittle 2026, el cual ha sido considerado un avance significativo en la comprensión de los mecanismos de comunicación animal y abre nuevas posibilidades para desarrollar herramientas que, en un futuro, permitan establecer un diálogo entre humanos y especies no humanas.
Un futuro prometedor en la comunicación interspecies
Este premio fue establecido en 2024 por la Fundación Jeremy Coller, en colaboración con la Universidad de Tel Aviv, con el propósito de fomentar la investigación sobre el bienestar y la conciencia animal. Además de ofrecer incentivos económicos anuales a proyectos destacados, la iniciativa incluye un reconocimiento de 10 millones de dólares para quien logre facilitar una comunicación bidireccional efectiva entre humanos y animales.
Jonathan Birch, profesor de filosofía en la London School of Economics y miembro del jurado, afirmó que el trabajo de Elie representa uno de los avances más significativos en este ámbito. Según su opinión, la investigación no solo resultó en la creación de un «diccionario de las 11 ‘palabras clave’ del pinzón cebra», sino que también validó, a través de métodos experimentales ingeniosos, si los significados asignados a esas vocalizaciones eran correctos. «Es un ejemplo asombroso de cómo se puede transitar desde la grabación exhaustiva de miles de cantos hasta la comprensión de su significado», concluyó.

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