agosto 21, 2026

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La Quesería Aguas de Fontanales dice adiós: un legado de tradición y calidad en el queso canario

La Quesería Aguas de Fontanales dice adiós: un legado de tradición y calidad en el queso canario

Un Legado en la Quesería Canaria

El consejero de Agricultura, Ganadería, Pesca y Soberanía Alimentaria, Narvay Quintero, y el alcalde de Moya, Raúl Afonso, realizaron una visita a la Quesería Aguas de Fontanales, un emblemático establecimiento gestionado por José Luis Arencibia y Olga Lantigua. Esta quesería, que ha estado en funcionamiento durante casi 70 años, ha sido recientemente galardonada en el Concurso Oficial de Quesos Agrocanarias 2026, destacando la dedicación y el compromiso de sus propietarios con la tradición quesera de Gran Canaria.

La reciente clausura de la Quesería Aguas de Fontanales marca el final de una era de casi siete décadas en la que Olga Lantigua Arencibia ha estado comprometida con la producción artesanal de queso en el municipio de Moya. Su trayectoria no solo refleja un profundo amor por el oficio, sino también un vínculo estrecho con la cultura y las tradiciones queseras de la isla.

Reconocimiento a una Trayectoria Excepcional

Durante la visita, Narvay Quintero y Raúl Afonso expresaron su admiración por el trabajo realizado por Olga Lantigua y su esposo a lo largo de los años. Este reconocimiento es especialmente significativo, dado que su queso semicurado de leche cruda de cabra ha sido galardonado con la medalla de oro en el prestigioso certamen organizado por el Gobierno de Canarias. Este concurso, a través del Instituto Canario de Calidad Agroalimentaria (ICCA), tiene como objetivo resaltar las mejores producciones queseras del archipiélago.

El consejero, acompañado por el director del ICCA, Luis Arráez Guadalupe, y el maestro quesero Isidoro Jiménez, destacó que Olga comenzó su carrera en este sector a la temprana edad de nueve años. Junto a su esposo, ha mantenido viva una tradición familiar, cuidando de su propio ganado y produciendo un número limitado de quesos diariamente, lo que ha permitido preservar las prácticas y conocimientos ancestrales del arte quesero.

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El Sabor de la Tradición

Quintero subrayó que los premios obtenidos son un testimonio de una vida de dedicación y esfuerzo, así como de la calidad de las producciones que surgen de un profundo conocimiento del oficio. “Olga y José Luis dejan un legado que trasciende sus quesos; su historia es un reflejo del compromiso de generaciones que han contribuido a la diversidad y calidad del sector agroalimentario”, afirmó.

El alcalde Afonso también enfatizó la importancia de la labor de Olga, señalando que cada queso elaborado por ella y su familia lleva consigo un pedazo de la historia de la Villa de Moya. Su constancia y dedicación son ejemplos de un compromiso con un sector que forma parte integral de la identidad local. Aunque se cierre esta etapa, su legado permanecerá como un valioso patrimonio gastronómico y cultural del municipio.

Una Historia de Pasión y Dedicación

Olga Lantigua relató que a lo largo de su carrera, solo interrumpió la elaboración de quesos durante su luna de miel. Para ella y su esposo, esta actividad ha sido más que un simple trabajo; ha sido un estilo de vida que han abrazado con pasión y dedicación. La nieta de los propietarios, Carla Vera, también destacó que los numerosos premios obtenidos en los últimos años son un reconocimiento a esta trayectoria y que Olga y José Luis se sienten satisfechos de culminar esta etapa con una notable reputación.

Vera añadió que los certámenes organizados por las administraciones públicas y el apoyo de entidades como Proquenor han sido fundamentales para elevar el conocimiento y la apreciación de estas producciones artesanales.

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Un Proceso Artesanal con Raíces Familias

Desde sus inicios, Olga y José Luis han mantenido viva una rica tradición quesera familiar. Olga comenzó a participar en la elaboración de queso desde niña y dedicó casi siete décadas a este oficio. La Quesería Aguas de Fontanales se caracterizaba por un proceso artesanal meticuloso, produciendo unos pocos quesos al día con un enfoque en la calidad.

La cuajada se trabajaba con paciencia y se vertía en moldes de madera que han sido parte de su historia desde el principio. Posteriormente, las piezas maduraban en una cueva ubicada en su hogar, donde cada noche Olga se aseguraba de revisarlas y girarlas para garantizar una maduración adecuada.

La producción de la quesería se basaba en leche de su propio rebaño de casi treinta cabras majoreras, y anualmente se producían alrededor de 2,000 kilos de quesos artesanales. Sus productos eran reconocidos por su sabor profundo y su textura cremosa, resultado de un cuidadoso proceso de elaboración y de la atención constante a la alimentación del ganado, tarea que recaía en José Luis.