La vida digital de una persona plantea interrogantes importantes tras su fallecimiento. Cuando alguien cercano muere, surgen dudas sobre quién se encargará de gestionar sus archivos en la nube, revisará su correo electrónico y decidirá el destino de sus fotos y videos en redes sociales. Este proceso puede volverse complicado, especialmente si no se ha planificado adecuadamente lo que debe suceder con estos activos digitales. Aunque la muerte es un hecho inevitable, muchos no consideran cómo desean que se manejen sus bienes digitales una vez que ya no estén.
La falta de un plan claro puede convertirse en una carga para los familiares y amigos, especialmente si la persona fallecida poseía una gran cantidad de activos digitales. Por lo tanto, es fundamental estar informado sobre cómo gestionar el patrimonio digital, tanto el propio como el de los demás. A continuación, se presentan algunas recomendaciones para facilitar esta tarea.
Inventario de Activos Digitales
El primer paso esencial para gestionar los activos digitales de un fallecido es realizar un inventario completo. La dificultad de esta tarea depende en gran medida de si la persona dejó constancia de sus activos y de sus deseos respecto a ellos. Sin una lista clara, los familiares no tendrán forma de saber qué poseía el difunto ni qué acciones debían tomarse.
La gestión de activos digitales no siempre es tan sencilla como convertir una cuenta de Facebook en conmemorativa o descargar imágenes de iCloud. Estos activos pueden tener un valor tanto monetario como emocional. Por ejemplo, si las cuentas de redes sociales de una persona generan ingresos, el beneficiario deberá saber cómo recibir esos pagos y si es conveniente mantener activa la cuenta. Además, las criptomonedas presentan sus propios desafíos: si están en un monedero privado sin acceso a las claves, se perderán para siempre. Sin embargo, si se almacenan en plataformas como Coinbase o PayPal, la situación es diferente y se deben considerar como activos digitales en cualquier planificación sucesoria.
Aspectos Legales a Considerar
En Estados Unidos, la herencia de la vida digital está regulada por leyes estatales, al igual que los asuntos tradicionales de sucesión. Benjamin Orzeske, asesor legal de la Comisión de Leyes Uniformes, menciona que se ha promulgado la Ley Uniforme Revisada de Acceso Fiduciario a los Activos Digitales (RUFADAA) en 48 estados y en Washington D.C. Esta legislación reconoce que los bienes digitales requieren un tratamiento diferente al de los bienes físicos.
Por ejemplo, el correo postal se reenvía a un fiduciario designado, quien gestiona la correspondencia en nombre del fallecido. Sin embargo, el correo electrónico presenta un dilema; el fiduciario no solo recibe los mensajes entrantes, sino que también tiene acceso a un historial de comunicaciones que podría haberse querido mantener privado. La RUFADAA busca equilibrar el derecho de acceso de los supervivientes con la privacidad del titular de los activos digitales.
Con esta ley, un fiduciario puede cerrar cuentas, pero solo podrá acceder al contenido si el difunto otorgó permiso explícito. Es recomendable que este consentimiento se documente de forma clara en un testamento, especificando qué activos digitales se pueden gestionar sin incluir contraseñas, ya que este documento es público.
Dificultades de las Herramientas Digitales
Las grandes empresas tecnológicas, que actúan como custodios de nuestros activos digitales, ofrecen herramientas que permiten designar a una persona de confianza para gestionar cuentas en caso de fallecimiento o incapacidad. Sin embargo, estas herramientas a menudo presentan limitaciones. Por ejemplo, Google proporciona un «Gestor de cuentas inactivas», mientras que Apple y Meta tienen opciones de «contacto de legado». No obstante, activar estas funciones puede no ser tan sencillo como parece, ya que a menudo requieren que el designado tenga una cuenta en la plataforma y que se notifique el fallecimiento de forma adecuada.
Mike Kiser, copresidente del grupo «Death in the Digital Estate» de la OpenID Foundation, indica que actualmente no existe un protocolo estandarizado para comunicar a los proveedores que alguien ha fallecido. Esto puede complicar aún más la gestión de activos digitales tras el fallecimiento.
Consideraciones sobre la Seguridad y la Privacidad
Además de las dificultades en la comunicación con las plataformas, hay que considerar la seguridad de las cuentas. Aunque algunos optan por dejar un documento impreso con sus credenciales o utilizar herramientas de gestión de contraseñas, estas soluciones no son infalibles. Por ejemplo, un colega de Kiser intentó legar sus activos digitales a través de un sistema casero, pero falló en el primer intento. También es importante recordar que iniciar sesión en la cuenta de otra persona podría violar los términos de servicio de las plataformas, lo que puede traer consecuencias legales.
Otro posible obstáculo es la falta de acuerdo entre los seres queridos sobre cómo gestionar los activos digitales de una persona fallecida. Si bien un testamento puede ayudar a clarificar los deseos del difunto, es posible que aún surjan disputas familiares. Una alternativa es mantener una copia de seguridad local de los datos en un dispositivo accesible, aunque esto no soluciona la necesidad de dar de baja cuentas en línea.
Recomendaciones para una Planificación Eficaz
A pesar de las complejidades, la mejor estrategia es designar en el testamento a un fiduciario o persona de confianza y detallar los activos digitales que posees, así como tus deseos sobre ellos. La información debe ser lo más precisa posible, y es crucial mantener la lista de contraseñas y accesos separada del testamento, compartiéndola solo con quienes realmente la necesiten. Además, se aconseja no activar las funciones de legado en las cuentas, ya que estas pueden ser subordinadas a las políticas de las plataformas.
Finalmente, es fundamental actualizar regularmente los documentos que contienen estas instrucciones, especialmente después de realizar modificaciones en cuentas o transferir activos. Con una planificación cuidadosa y la documentación adecuada, se puede facilitar la gestión del patrimonio digital, tanto el propio como el de otros, asegurando que se respete la voluntad del difunto.

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