La humanidad se enfrenta a la posibilidad de su propia extinción en los próximos 75 años debido a 17 riesgos significativos, destacando el uso malintencionado de la inteligencia artificial (IA) y la amenaza de un conflicto nuclear. Esta alarmante afirmación surge de un reciente informe elaborado por la Comisión de The Lancet sobre las Amenazas Globales para la Salud del Siglo XXI, que también menciona otros peligros existenciales, tales como la resistencia bacteriana, el cambio climático, la desnutrición infantil y las pandemias naturales.
Los especialistas advierten que, aunque este escenario apocalíptico es evitable, es crucial que los gobiernos y líderes políticos actúen con prontitud, implementando medidas coordinadas y estableciendo mecanismos de colaboración a nivel global.
Análisis de los riesgos para la salud global
Las conclusiones del informe se fundamentan en un análisis que utiliza un modelo para estimar cuántos años de vida saludable podrían perderse por enfermedades, discapacidades o muertes prematuras vinculadas a cada amenaza, si las tendencias actuales se mantienen. La carga de esta métrica, conocida como años de vida ajustados por discapacidad (AVAD), fue calculada para el periodo que abarca desde 2025 hasta 2100, apoyándose en la infraestructura de pronóstico del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME) y el Estudio de la Carga Global de Enfermedades, Lesiones y Factores de Riesgo (GBD).
El estudio incluyó proyecciones desglosadas por país, grupo de edad, género y causas para un total de 204 países y territorios. Los modelos tomaron en cuenta factores de riesgo de mortalidad y discapacidad, cambios demográficos, condiciones socioeconómicas y tendencias en la salud. Para establecer las trayectorias posibles, los investigadores analizaron la experiencia histórica de los países y las velocidades observadas en el aumento o disminución de cada amenaza.
Clasificación de las amenazas a la humanidad
Con base en estos hallazgos, la Comisión, compuesta por 35 expertos de diversas disciplinas, organizó los peligros en una pirámide de cuatro niveles: riesgos potenciales de extinción, fenómenos que pueden causar daños catastróficos a la salud, causas significativas de enfermedades y amenazas de menor magnitud individual. Según los autores, los dos primeros niveles representan riesgos críticos para la humanidad.
En la primera categoría se encuentran el uso malicioso de la IA, incluido su potencial para desarrollar armas biológicas, y un conflicto nuclear que podría desencadenar una hambruna a nivel mundial. La Comisión señala que, hasta la fecha, no existen modelos estadísticos robustos que permitan calcular con precisión las probabilidades de que estas situaciones se materialicen. Por ello, su advertencia se basa en consultas estructuradas con expertos y en la evaluación de “superpronosticadores”. Sin embargo, consideran inapropiado excluir estas amenazas del análisis debido a sus posibles repercusiones.
Aunque la probabilidad de que estos dos riesgos se materialicen sigue siendo baja, los autores advierten que, de suceder, las consecuencias serían devastadoras para la humanidad.
Impacto de las amenazas globales a la salud
A las dos amenazas existenciales mencionadas se suman otras 15 que representan riesgos globales para la salud, incluidas en la segunda categoría. De acuerdo con los cálculos, cada una de estas amenazas podría acarrear más de 1,000 millones de AVAD acumulados hasta 2100 en el escenario de referencia. Para poner en perspectiva esta cifra, equivaldría al doble de la carga sanitaria atribuida a la pandemia de covid-19. Este grupo incluye problemas de salud persistentes, fenómenos ambientales y cuestiones socioeconómicas y bélicas como:
- Contaminación atmosférica.
- Resistencia a los antimicrobianos.
- Desnutrición infantil.
- Cambio climático.
- Colapso de la asistencia para el desarrollo en salud.
- Conflictos armados convencionales.
- Consumo excesivo de alcohol.
- Hipertensión arterial.
- Desigualdad de ingresos.
- Bajo nivel educativo.
- Pandemias de origen natural.
- Obesidad.
- Mala salud mental.
- Tabaquismo.
- Envejecimiento poco saludable.
La Comisión subraya que estos 17 riesgos interactúan entre sí, intensificando sus efectos perjudiciales sobre la salud y la supervivencia de la humanidad. Los especialistas enfatizan que “la dura realidad es que las amenazas que enfrentamos son múltiples, complejas y difíciles”, y que las acciones emprendidas por los gobiernos son insuficientes para mitigar estos peligros.
Necesidad de una coordinación global efectiva
Los expertos de The Lancet destacan que la capacidad de prevención y respuesta de los países se ve limitada por la tendencia hacia un enfoque cortoplacista y local. En lugar de abordar los riesgos como fenómenos interconectados con consecuencias a largo plazo y alcance global, los gobiernos tienden a priorizar la atención a problemas que ya afectan a sus poblaciones locales.
Esta falta de atención es particularmente evidente en la crisis climática. El informe indica que el calentamiento global puede afectar la salud y la calidad de vida de diversas maneras, además de agravar otras amenazas, como el incremento de temperaturas extremas, la degradación de la calidad del aire, el estancamiento del crecimiento infantil y los efectos de ciclones tropicales e inundaciones.
No obstante, diversas investigaciones sugieren que los esfuerzos globales para mitigar el cambio climático son insuficientes, y las proyecciones indican que el planeta podría superar el umbral de 1.5 °C en comparación con la era preindustrial en la próxima década.
El informe de la Comisión de The Lancet sostiene que revertir esta tendencia y limitar el calentamiento global a 1.8 °C podría prevenir la pérdida acumulada de 1,890 millones de años de vida saludable hasta 2100.
Esperanza de vida: un aumento con desafíos
El documento también revela que la esperanza de vida mundial seguirá aumentando en los próximos años, aunque la esperanza de vida saludable lo hará a un ritmo más lento. Entre 2025 y 2100, se proyecta un incremento de 8.65 años en la esperanza de vida general, frente a 5.69 años en la esperanza de vida saludable. Esto implica que, aunque las personas vivirán más tiempo, enfrentarán una mayor proporción de su vida con enfermedades crónicas o discapacidades.
Los especialistas prevén que las enfermedades no transmisibles, como la diabetes, las enfermedades cardíacas, las afecciones pulmonares y los accidentes cerebrovasculares, dominarán la carga global de enfermedad durante el resto del siglo. Además, se sumarán otros problemas de salud como trastornos musculoesqueléticos y mentales, pérdida auditiva y visual, lesiones por accidentes de tráfico y caídas. Sin embargo, en las regiones de menores ingresos, las enfermedades transmisibles, así como los problemas maternos, neonatales y nutricionales seguirán siendo de gran relevancia, particularmente por la persistencia de trastornos neonatales, malaria, neumonías y tuberculosis.
Propuestas para mitigar los riesgos globales
El informe enfatiza que identificar y cuantificar los riesgos no es suficiente para reducirlos. La Comisión considera esencial fortalecer la confianza en la ciencia y las instituciones, establecer una gobernanza global que coordine acciones que ningún país pueda llevar a cabo por sí solo y asegurar una financiación sostenible para los sistemas de salud.
Asimismo, subraya la importancia de implementar políticas que reduzcan la desigualdad, construyan sistemas alimentarios resilientes, desarrollen capacidades nacionales para planificar cambios demográficos, respeten los derechos humanos y garanticen una cobertura sanitaria universal y equitativa.
Entre sus recomendaciones, se destaca la creación de un Monitor de Amenazas Globales para la Salud del Siglo XXI. Esta iniciativa actualizaría periódicamente las estimaciones, integraría nueva evidencia científica e identificaría riesgos emergentes. Se propone que este monitor funcione a través de un ciclo anual, bajo la supervisión de un comité asesor independiente que se reúna cada seis meses.
Los resultados de este monitor deberían presentarse en foros internacionales como el G20, el G7, la Asamblea Mundial de la Salud y las Naciones Unidas, con el fin de mantener estas amenazas en la agenda política y facilitar la toma de decisiones presupuestarias fundamentadas en evidencia.
Ibrahim Abubakar, miembro de la Comisión y profesor de epidemiología de enfermedades infecciosas en el University College London (UCL), expresó que el objetivo de este informe no es generar pánico entre la población. “No partimos de la idea de ‘miren, queremos asustarlos: tenemos X amenazas para la humanidad’. Partimos de la

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