agosto 28, 2026

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Los nuevos riesgos que enfrentan los niños en internet: más allá de la generación Z

Los nuevos riesgos que enfrentan los niños en internet: más allá de la generación Z

La realidad del abuso sexual infantil en el entorno digital

Una proporción significativa de los casos de abuso sexual infantil ocurre en la intimidad del hogar, donde la víctima puede estar expuesta a situaciones de riesgo sin salir de su casa. Este fenómeno, conocido como «material autogenerado», incluye fotografías y videos íntimos creados a través de manipulación, engaño o coerción. Estos abusos suelen tener lugar en espacios como dormitorios o baños, a menudo mientras los padres se encuentran en habitaciones contiguas. Los agresores, lejos de ser siempre adultos amenazantes, frecuentemente se presentan como adolescentes, compañeros de escuela o conocidos con los que los niños interactúan en línea.

En años recientes, los peligros asociados con el mundo digital han evolucionado. Si antes se hablaba principalmente de grooming, ciberacoso o acceso a contenido violento, hoy los investigadores señalan amenazas más complejas. La sextorsión financiera, deepfakes sexuales, chatbots que pueden establecer vínculos emocionales con adolescentes y algoritmos que llevan a los menores a comunidades cada vez más extremas, son solo algunos ejemplos. La inteligencia artificial ha acelerado esta transformación, evidenciada por el notable aumento en la cantidad de videos de abuso sexual infantil generados por IA, que en 2025 superaron los 3,443, un incremento de más de 260 veces en comparación con el año anterior.

Una respuesta insuficiente ante la nueva realidad

Para los expertos que han dedicado años a estudiar la relación entre la infancia y el entorno digital, el problema no radica solamente en la aparición de nuevos riesgos, sino en la incapacidad de adaptarnos a un internet que ha cambiado significativamente. Mientras múltiples gobiernos implementan prohibiciones en redes sociales, controles parentales y verificaciones de edad, algunos investigadores advierten que la discusión pública podría estar centrada en los aspectos equivocados.

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La doctora Sonia Livingstone, directora del Digital Futures for Children Centre en la London School of Economics, sostiene que la sociedad ha optado por un enfoque controlador en lugar de buscar formas de diseñar un internet que favorezca el desarrollo saludable de los niños. Este debate es especialmente pertinente en América Latina, donde estudios indican que el 28% de los niños obtiene su primer teléfono inteligente antes de cumplir nueve años, y seis de cada diez pasan al menos cuatro horas diarias en línea. En México, se estima que 1.6 millones de niños y adolescentes han sido víctimas de explotación o abuso sexual digital en el último año.

La heterogeneidad del riesgo digital

Es importante no caer en la trampa de considerar «la infancia» como un grupo homogéneo que experimenta el internet de la misma manera. Amanda Third, investigadora del Institute for Culture and Society de la Western Sydney University, destaca que los riesgos digitales no se distribuyen equitativamente. Los niños que ya enfrentan vulnerabilidades en el mundo real son los que más probabilidades tienen de sufrir daños en el ámbito digital. Factores como la pobreza, la falta de adultos de confianza, problemas de salud mental, discapacidades o pertenencia a comunidades históricamente discriminadas, como la población LGBTQ+, incrementan la exposición a la violencia digital. Paradojalmente, esos mismos niños suelen depender del internet para encontrar apoyo y construir comunidades.

Diferenciar entre riesgo y daño

Third enfatiza la necesidad de distinguir entre los conceptos de riesgo y daño en el debate público. La exposición a un riesgo no implica necesariamente que se sufra un daño. Dos adolescentes pueden recibir el mismo mensaje de un desconocido, pero las reacciones pueden ser muy diferentes: uno podría ignorarlo, mientras que el otro podría verse profundamente afectado. La diferencia radica en factores externos como el apoyo social, la salud mental, el contexto familiar y la capacidad de buscar ayuda.

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Más allá del tiempo de pantalla

La obsesión por medir el tiempo de pantalla es un fenómeno común. Sameer Hinduja, codirector del Cyberbullying Research Center, señala que, aunque es un tema recurrente, la evidencia sugiere que su impacto en el bienestar es limitado. La seguridad no depende únicamente de restringir el acceso a aplicaciones o dispositivos; el factor más importante es que los adolescentes sientan que pueden acudir a un adulto de confianza sin temor a ser juzgados o castigados por sus experiencias.

La conversación sobre la protección infantil no debe centrarse exclusivamente en la reducción de daños, sino también en asegurar que los niños puedan beneficiarse del internet. Esto implica facilitar el acceso a la educación, la participación, la expresión y la construcción de comunidades en línea que prioricen su bienestar. Cuando se pregunta a los padres sobre las actividades en línea de sus hijos, suelen pensar en videojuegos o entretenimiento, mientras que los adolescentes mencionan la conexión con amigos, la búsqueda de apoyo y la exploración de sus intereses personales.

Preparar a los niños para un entorno digital complejo

Sin embargo, el mismo algoritmo que puede recomendar un tutorial educativo también puede propagar discursos de odio o acercar a un adolescente a situaciones peligrosas. Hinduja introduce el término «parasocial media» para describir cómo el daño no solo proviene de interacciones humanas, sino también de lo que las plataformas deciden mostrar. Por lo tanto, los especialistas coinciden en que la seguridad digital implica preparar a los niños para navegar un mundo del cual no podrán alejarse. Esto incluye enseñarles a identificar intentos de manipulación, discutir temas de consentimiento digital y privacidad, y establecer relaciones en las que pedir ayuda no conlleve a un castigo.

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Finalmente, investigadores abogan por un enfoque que vaya más allá de simplemente limitar la interacción digital. Se trata de fomentar diálogos que permitan identificar riesgos y construir espacios de confianza. Al trabajar para hacer de internet un lugar más seguro para los niños, se contribuirá también a crear un entorno más seguro para todos.