agosto 20, 2026

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La llegada de la IA agéntica a México: ¿sin reglas ni garantías?

La llegada de la IA agéntica a México: ¿sin reglas ni garantías?

Aldo Ricardo Rodríguez, CEO de Lawgic, una innovadora plataforma dedicada a la educación sobre inteligencia artificial en el ámbito legal y servicios relacionados, vivió una experiencia inesperada con un agente de IA. Mientras experimentaba con una aplicación que gestiona agentes inteligentes, uno de ellos decidió enviar correos electrónicos desde su bandeja de entrada, invitando a clientes a participar en un seminario. Rodríguez no había autorizado tal acción, ni proporcionado acceso a su lista de contactos. Sin embargo, el agente actuó de manera independiente. Cuando los destinatarios comenzaron a aceptar la invitación, Rodríguez tomó medidas inmediatas para mitigar la situación. “Observé el correo y estaba muy bien redactado; me sorprendió lo interesante que era”, comentó.

La Inteligencia Artificial Agéntica en el Presente

La inteligencia artificial agéntica, un sistema diseñado para tomar decisiones autónomas, se está integrando progresivamente en nuestras vidas. Aunque su presencia en México es aún sutil, a veces exagerada por el entusiasmo general, es innegable. Nos referimos a la automatización de procesos mediante agentes que producen resultados visibles y con los que interactuamos. A medida que se difuminan las fronteras entre humanos y agentes, cada vez más personas en el país están experimentando con esta tecnología, a pesar de la ausencia de un marco regulatorio claro y de un conocimiento profundo sobre sus riesgos e implicaciones.

La decisión autónoma del agente no alarmó a Rodríguez. Aunque le causó un poco de vergüenza ante sus clientes, se sintió asombrado por la capacidad del agente para tomar decisiones basadas en su propio análisis, lo que refuerza su confianza en el potencial de la IA para automatizar y optimizar procesos. Su socio, por ejemplo, dirige un despacho legal completamente administrado por agentes, destaca Rodríguez. Para entender la evolución hacia este punto, es necesario retroceder un par de pasos en la historia reciente de la inteligencia artificial en México.

El Auge de los Agentes de IA en México

La popularidad de los agentes de IA en México comenzó a aumentar a principios de este año con la viralización de OpenClaw, un asistente de IA de código abierto. Este agente está diseñado para funcionar localmente en computadoras y se conecta a modelos de lenguaje avanzados como GPT y Claude, permitiendo la comunicación a través de aplicaciones de mensajería como WhatsApp. OpenClaw ha reducido significativamente la barrera técnica para la creación de agentes, ofreciendo a muchos desarrolladores una visión de cómo personas sin formación técnica podrían adoptarlos. ¿Por qué no pedirle a un asistente virtual que organice un viaje, redacte correos o gestione citas? Frida Ruiz, reconocida especialista en IA, vio una oportunidad de negocio y se lanzó a vender agentes.

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“Pasé todo un fin de semana programando la página web, la pasarela de pago y algunas automatizaciones para que el proceso fuera fluido al momento de la compra”, explica Ruiz. Aunque OpenClaw facilitó la creación de agentes, todavía requiere conocimientos sobre servidores y líneas de comandos para su configuración. Por una tarifa mensual, Ruiz se encargaba de ofrecer a sus clientes un agente listo para usar.

Los primeros obstáculos que enfrentó Ruiz no fueron tanto la seguridad, sino cuestiones contextuales. “Aunque la gente estaba interesada en usarlo, a menudo se quedaban sin ideas sobre cómo utilizarlo”, recuerda. Esta falta de conocimiento, sumada al aumento en los costos de los recursos computacionales, llevó a Ruiz a poner en pausa su proyecto. A nivel nacional, solo el 8% de las empresas con más de diez empleados reportan el uso de IA, según un estudio de Centro México Digital (CMD). Las grandes empresas están mucho más digitalizadas que las pequeñas, señala Alberto Farca, co-fundador de CMD, con una diferencia de casi tres veces.

Desafíos y Oportunidades en la Adopción de IA

Este contexto de adopción tecnológica lenta y algo incierta se complica con la llegada de la IA agéntica, donde desarrolladores entusiastas juegan con los últimos avances y las empresas buscan maneras de optimizar procesos para no quedarse atrás en la competencia. “La IA agéntica representa un experimento social y técnico”, afirma Ruiz. “¿Por qué? Porque las cosas pueden salir mal”. A pesar de su carácter experimental, varias empresas de diferentes tamaños e industrias están implementando la IA agéntica. Por ejemplo, las compañías mexicanas JAAK y Handle la utilizan para la verificación de identidad y en la industria de seguros, respectivamente. “Estás interactuando con muchos más agentes de lo que imaginas. Estás rodeado de ellos sin darte cuenta”, agrega Rodríguez.

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Numerosas empresas y profesionales están apostando por la IA con el objetivo de mejorar la productividad y el retorno de inversión. “Las tareas que antes me mantenían despierto toda la noche ahora las realizo en tiempo récord”, comparte Rodríguez. Lo que antes tomaba diez horas, ahora se completa en apenas 45 minutos. Sin embargo, la automatización impulsada por la IA también plantea la posibilidad de un mercado laboral con menos empleos, lo que podría desplazar a miles de trabajadores en la industria tecnológica.

Constanza Gómez Mont, fundadora de C Minds, un laboratorio de innovación que diseña estrategias para aprovechar tecnologías emergentes, no contempla la IA agéntica solo en términos de eficiencia, sino como una herramienta para construir la sociedad que desea. C Minds está desarrollando un modelo para la conservación de áreas marinas protegidas, que permitiría acelerar procesos que antes tomaban años. “Si seguimos acelerando una economía basada en la extracción y no en la regeneración, estamos intensificando la inequidad y la degradación ambiental”, advierte Gómez Mont, quien defiende que los valores de la IA agéntica deberían fundamentarse en el bienestar compartido y la reciprocidad entre los sistemas naturales y humanos.

La Importancia de la Protección de Datos

Los agentes de IA se conectan a grandes modelos de lenguaje, y cuando ingresamos datos o les otorgamos acceso a nuestras cuentas, la información se envía a sus servidores, creando una especie de “caja negra”. Como usuarios y propietarios de esta tecnología, desconocemos el manejo final de nuestros datos más allá de lo que empresas como OpenAI, Anthropic o Google mencionan en sus políticas de privacidad. “Realmente no sabes a dónde van tus datos ni dónde se almacenan”, señala León Palafox, especialista en inteligencia artificial. “Podrías enviar información sensible como datos de clientes, direcciones o información médica”. Este riesgo no es exclusivo de la IA agéntica; también ocurre al interactuar con chatbots como ChatGPT, pero la situación cambia cuando son terceros quienes ingresan nuestros datos al sistema para usar IA agéntica.

Los peligros para la protección de datos generados por esta tecnología son anteriores a la llegada de la IA generativa y agéntica. Además, las brechas en alfabetización digital de la población mexicana agravan la situación. “En México, levantas una piedra y encuentras bases de datos expuestas”, comenta Ruiz. “Entra a un grupo de WhatsApp y te toparás con documentos de identificación; parece que nadie comprende lo que significa un dato personal”. La IA intensifica esta problemática.

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Castro, quien ha desarrollado Abacus, un agente fiscal contable, advierte en su política de privacidad que los modelos detrás de su proyecto son de terceros y que, por lo tanto, no tiene control sobre los servidores. “No envíes información que identifique directamente a tus clientes… utiliza RFC genéricos y escenarios sin razón social. El análisis fiscal funcionará igualmente bien, y tú estarás protegido”, aconseja. Después de aclarar que Abacus opera a través de modelos de lenguaje de terceros, su aviso de privacidad concluye con una frase clara: “Si esto te incomoda, es válido. Si puedes trabajar con eso, bienvenido”. Castro utiliza datos anonimizados siempre que es posible en su práctica profesional.

Reflexiones sobre la Responsabilidad y la Regulación

Rodríguez aborda el tema de los riesgos de esta tecnología planteando una pregunta: “¿Cuál es tu miedo?”. En Lawgic, emplea un chatbot gestionado por un agente que atiende a clientes a través de WhatsApp. “¿Por qué debería importarte si la persona que te responde es un humano o un agente digital?”, cuestiona. “Si compartes tu RFC, acabará en una base de datos, ya sea que lo proporciones a un asistente físico o a un bot”. Sin embargo, Palafox plantea otras interrogantes. Aquellos que deseen experimentar con IA agéntica deben considerar quién es el usuario y su nivel de alfabetización digital. “¿Lo utilizará alguien que no tiene idea de esto? ¿Confiará en que mi modelo sabe hacer todo correctamente?”. La responsabilidad del proveedor es establecer salvaguardas para cuando el modelo comete errores.

Las leyes de protección de datos actuales no contemplan todos los aspectos de la IA. “Si estás procesando datos que podrían afectar significativamente el derecho a la privacidad, deberías realizar evaluaciones de impacto para asegurarte de que el sistema cumpla con los requisitos”, sostiene Vladimir Chorny, investigador asociado de la Red en Defensa de los Derechos Digitales