agosto 28, 2026

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Casi el 50% de los casos de demencia se pueden prevenir: Descubre cómo simples cambios pueden marcar la diferencia

Casi el 50% de los casos de demencia se pueden prevenir: Descubre cómo simples cambios pueden marcar la diferencia

La demencia es frecuentemente considerada como una consecuencia inevitable del envejecimiento, una especie de sorteo influenciado por la herencia genética. Es común escuchar que si un familiar cercano ha padecido Alzheimer, las probabilidades de que uno también lo sufra son elevadas, independientemente de las acciones que se tomen. No obstante, la comunidad científica ha comenzado a desafiar esta creencia, revelando que una porción significativa del riesgo de desarrollar demencia puede ser mitigada mediante la adopción de hábitos saludables. Sin embargo, esta información no ha llegado de forma efectiva a la población en general, lo que subraya la necesidad de facilitar el acceso a datos claros y precisos para reducir el riesgo de esta enfermedad. En este contexto, se observa una insuficiencia en la respuesta de los gobiernos.

La Responsabilidad de la Prevención

Un estudio exhaustivo publicado en The Lancet Healthy Longevity examinó las estrategias de prevención de la demencia en ocho países: Australia, Bélgica, Chile, China, Dinamarca, Países Bajos, Puerto Rico y Estados Unidos. Los hallazgos indican que la prevención debe iniciarse antes de que surjan los síntomas, pero las campañas de concienciación impulsadas por el sector público no están logrando resonar en la población. Según Mario Siervo, investigador de la Universidad Curtin en Australia y coautor del estudio, «hasta el 45% de los casos de demencia están ligados a factores modificables que podemos cambiar, como el estilo de vida y el entorno». Sin embargo, solo informar sobre los riesgos no es suficiente; las campañas de sensibilización por sí solas rara vez inducen cambios de comportamiento sostenibles.

La Importancia de la Educación en Salud

Tal como destaca el profesor Siervo, cerca de la mitad de los casos de demencia están relacionados con factores que se pueden modificar, como la hipertensión, la diabetes, la falta de actividad física, el tabaquismo, la obesidad, el aislamiento social y la pérdida auditiva no tratada. Aunque algunos cambios en el estilo de vida pueden ser más accesibles que otros, persiste la percepción de que no hay manera de reducir el riesgo. Blossom Stephan, coautora de la investigación, señala que «existe una creencia generalizada de que la demencia es una parte inevitable del envejecimiento, lo cual es incorrecto». Aun cuando las personas son conscientes de los riesgos, factores como el tiempo, el costo y la falta de motivación pueden obstaculizar cambios en su manera de vivir.

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Evaluación de Estrategias de Prevención

Con el fin de medir la efectividad de las campañas informativas, los investigadores revisaron estudios sobre intervenciones comunitarias enfocadas en la prevención de la demencia. Tras analizar miles de publicaciones, identificaron apenas doce estudios realizados en los ocho países mencionados, con muestras que variaban desde 51 hasta más de 8,000 participantes. Aunque las campañas masivas en medios como televisión, radio y redes sociales lograron alcanzar a un gran número de personas, los cambios en el conocimiento sobre los factores de riesgo fueron relativamente modestos. En contraste, las intervenciones más interactivas, como cursos en línea y programas educativos personalizados, mostraron mejoras más consistentes tanto en el conocimiento como en la adopción de hábitos saludables.

Resultados Promisorios en la Prevención

El programa más exitoso combinó una evaluación personalizada del riesgo con un curso educativo estructurado. Tres años después, los participantes habían logrado reducir en un 26% sus factores de riesgo modificables para la demencia. «Cuando las personas comprenden su propio riesgo personal y se les ofrecen formas claras de actuar, especialmente a través de redes comunitarias de confianza, es más probable que implementen cambios significativos», afirma el profesor Siervo. Por su parte, la investigadora Blossom Stephan subraya la necesidad de «combinar mensajes públicos generales con apoyo específico que ayude a las personas a actuar», lo que implica invertir en programas accesibles y culturalmente relevantes, co-diseñados con las comunidades.

La Relación entre Salud Muscular y Salud Cognitiva

Mario Siervo y Blossom Stephan también participaron en un segundo estudio que complementa el anterior, ampliando la comprensión de que la prevención de la demencia no solo depende de la salud cerebral. En esta investigación, se analizaron datos de casi 500,000 adultos durante un seguimiento medianamente prolongado de 13.6 años, centrándose en la obesidad sarcopénica, una condición caracterizada por la combinación de exceso de grasa corporal con baja masa muscular o debilidad muscular. Durante el periodo de seguimiento se diagnosticaron 8,647 casos de demencia, revelando que quienes padecían obesidad sarcopénica tenían un 34% más de riesgo de desarrollar demencia en comparación con aquellos que no presentaban estas condiciones. Se observó un patrón similar en individuos con sarcopenia, es decir, pérdida muscular, incluso sin obesidad.

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Un Enfoque Integral para la Prevención

Los resultados también indicaron diferencias significativas basadas en la edad y el sexo, siendo las asociaciones más marcadas en personas menores de 65 años y en hombres. Estos hallazgos sugieren que la fuerza muscular podría ser un indicador simple para identificar a quienes tienen mayor riesgo de desarrollar problemas cognitivos antes de que se manifiesten de manera evidente. Aunque cada estudio aborda diferentes aspectos de la prevención, sus conclusiones convergen en un mismo objetivo. La revisión sistemática sugiere que las campañas informativas son más efectivas cuando no se limitan a transmitir mensajes generales, sino que ayudan a las personas a entender su propio riesgo y las apoyan en el cambio de hábitos. A su vez, el estudio sobre obesidad sarcopénica resalta que mantener la fuerza muscular es tan crucial como controlar otros factores de riesgo asociados con la salud cerebral.

Conjuntamente, estas investigaciones enfatizan que la prevención de la demencia debe comenzar mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas. Mantener la actividad física, conservar la fuerza muscular y facilitar la comprensión de los factores de riesgo son estrategias complementarias hacia un mismo objetivo. «Dado que se espera un aumento significativo en las tasas de demencia en las próximas décadas, la prevención se convierte en una de las herramientas más efectivas que tenemos; sin embargo, es esencial replantear la forma en que comunicamos el riesgo y cómo apoyamos a las personas para que actúen en consecuencia», concluye la profesora Stephan.