agosto 28, 2026

Canarias Global

Noticias de Canarias

Innovadora empresa estadounidense utiliza drones para generar 19 millones de galones de lluvia mediante control climático

Innovadora empresa estadounidense utiliza drones para generar 19 millones de galones de lluvia mediante control climático

Una innovadora startup estadounidense ha afirmado que su tecnología es capaz de manipular el clima y generar precipitaciones adicionales. Este experimento tuvo lugar el 23 de agosto en la península de Kenai, durante un periodo de baja presión en el golfo de Alaska. Según el informe de Rainmaker Technology Corporation, siete vuelos coordinados lograron producir señales detectables en el radar, estimando un incremento de 57.6 acre-pies en la precipitación. Esto equivale aproximadamente a 19 millones de galones de agua generados en un lapso de tres horas, según el comunicado emitido por la empresa.

Técnica de Siembra Glaciogénica

El procedimiento utilizado se denomina siembra glaciogénica de nubes. Esta técnica, desarrollada en 1946, consiste en introducir partículas de yoduro de plata (AgI) en las nubes, que actúan como núcleos para la formación de cristales de hielo. Conforme estos cristales crecen, pueden alcanzar un tamaño suficiente para precipitar. Rainmaker se presenta como “la primera empresa privada en la historia en generar lluvia, nieve y agua dulce a gran escala” mediante esta técnica, utilizando drones.

Para llevar a cabo la prueba, la startup utilizó dos drones, denominados EL-151 y EL-153. Entre las 6:38 y las 9:33 UTC, liberaron un total de 19 bengalas, cada una conteniendo aproximadamente 19.7 gramos de yoduro de plata, lo que sumó alrededor de 374 gramos del compuesto. Los primeros vuelos se realizaron a una altitud de aproximadamente 3.6 kilómetros, y luego los drones ascendieron a cerca de 4.2 kilómetros, donde las condiciones eran más propicias para activar el yoduro de plata.

Las condiciones atmosféricas indicaban temperaturas cercanas a -10 °C en las altitudes de siembra, así como una alta humedad y la presencia de agua líquida superenfriada, es decir, gotas que permanecen en estado líquido a temperaturas bajo cero. Según Rainmaker, estas condiciones son ideales para favorecer la formación de hielo a partir del yoduro de plata.

Leer:  La IA transformará la labor de los radiólogos: ¿una amenaza o una oportunidad?

Distinguiendo la Lluvia Artificial de la Natural

Uno de los grandes retos científicos ha sido diferenciar la lluvia generada artificialmente de aquella que ocurriría de forma natural. Durante el experimento en Alaska, ya se observaba precipitación débil. Para abordar este desafío, Rainmaker empleó el radar meteorológico PAHG NEXRAD para identificar patrones que surgían tras cada liberación y que coincidían con el desplazamiento y crecimiento de las partículas de hielo.

El análisis reveló siete “firmas de siembra”, que aparecieron entre 17 y 40 minutos después de cada liberación, y que se mantuvieron visibles entre 42 y 98 minutos. Algunas de estas firmas alcanzaron extensiones superiores a 40 kilómetros cuadrados, siendo la segunda firma la más extensa, con 41.2 kilómetros cuadrados, mientras que la séptima abarcó 9.4 kilómetros cuadrados. El promedio de un conjunto de 27 estimaciones estimó que la siembra generó 57.62 acre-pies de precipitación. Dos de las siete firmas representaron más de la mitad de este volumen.

Rainmaker también calculó que el área donde se acumuló al menos 0.01 milímetros de precipitación atribuible a la operación fue de 249.53 kilómetros cuadrados, y en la zona central, la lluvia adicional estimada superó 1 milímetro. A pesar de los resultados positivos, el informe menciona varias limitaciones, sugiriendo que estos resultados deben considerarse como una prueba de concepto y no como una garantía de que los drones puedan producir lluvia en cualquier circunstancia. La técnica depende de la existencia de nubes con características específicas y de la disponibilidad de suficiente agua superenfriada para que el proceso tenga éxito.

El Futuro de la Modificación Climática

Para Rainmaker, la relevancia del experimento radica en haber logrado observar de manera repetida en el radar patrones vinculados a las operaciones de siembra individuales y en poder estimar el volumen de precipitación asociada. La empresa tiene planes de seguir perfeccionando su sistema en la próxima temporada invernal. La experiencia en Alaska podría marcar el inicio de una nueva etapa en la modificación del clima: en lugar de confiar únicamente en aeronaves tripuladas o en operaciones a gran escala, pequeños drones podrían introducir agentes de siembra directamente en áreas específicas de las nubes.

Leer:  El cometa interestelar 3I/Atlas: ¿2 a 3 veces más antiguo que nuestro sistema solar?

El desafío que enfrenta la startup es determinar la consistencia de este efecto y el control que se puede ejercer sobre la lluvia generada. Rainmaker asegura que la continua mejora de sus capacidades de siembra de nubes les permitirá llevar agua de manera más eficaz a regiones afectadas por sequías, como la cuenca del Gran Lago Salado y el río Colorado.