Los niños y adolescentes en México enfrentan un alto nivel de vulnerabilidad debido a los efectos del cambio climático, según un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). El país se sitúa en la posición 54 de un total de 200 evaluaciones en el Índice de Riesgo Climático de la Infancia, que mide la exposición de la población joven a amenazas climáticas, así como su vulnerabilidad en relación a estos fenómenos y la degradación ambiental.
Según la agencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), “las repercusiones del cambio climático en la infancia en México están directamente relacionadas con la exposición a fenómenos climáticos en diferentes regiones y a las condiciones socioeconómicas, como la pobreza y la falta de servicios, que aumentan la vulnerabilidad ante estas adversidades”.
El estudio titulado «La infancia y adolescencia frente al cambio climático en México» busca proporcionar evidencia que fortalezca las políticas públicas en materia de mitigación y adaptación frente a la crisis climática, priorizando las necesidades específicas de los niños en áreas como salud, educación, alimentación y condiciones de vida.
Impactos visibles del cambio climático
Durante los últimos 50 años, los efectos del cambio climático se han vuelto notoriamente evidentes en México, con un incremento de aproximadamente 0.85 °C en la temperatura promedio nacional. Además, se ha observado una intensificación de fenómenos como huracanes, sequías, deslizamientos, temperaturas extremas, lluvias intensas, inundaciones e incendios forestales.
El informe indica que, si las emisiones de gases de efecto invernadero continúan en aumento, se espera que la temperatura media anual del país se eleve entre 2 y 2.5 °C entre 2041 y 2060. Este escenario podría resultar en un incremento significativo en la frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos extremos.
La combinación de estas amenazas climáticas y las desigualdades socioeconómicas arraigadas en el país genera un ciclo que limita el acceso de la infancia a servicios esenciales y condiciones de vida necesarias para garantizar su bienestar físico, mental y educativo. Además, la migración y los desplazamientos forzados, derivados de diversas circunstancias, agravan esta situación.
El informe subraya que “los niños y adolescentes son uno de los grupos más afectados por la crisis climática, lo que refleja una injusticia ambiental, ya que son quienes menos han contribuido a su generación”.
Grupos más vulnerables y consecuencias en salud y educación
La investigación destaca que los menores de cinco años y los habitantes del suroeste de México son los más expuestos a los efectos del cambio climático. En el caso de los niños en la primera infancia, sus sistemas inmunológico y cerebral están en desarrollo, lo que los hace más susceptibles a problemas como el calor extremo, la desnutrición y diversas enfermedades.
El suroeste del país, por su parte, es una región donde se presentan fenómenos meteorológicos recurrentes, altos niveles de pobreza y una significativa población indígena que enfrenta condiciones de exclusión. Esta combinación de factores puede limitar las capacidades de los niños para prevenir y recuperarse de los impactos del cambio climático.
El análisis revela que el aumento en las lluvias intensas está vinculado a tasas de mortalidad más altas y a un incremento en la incidencia de enfermedades infantiles. Por ejemplo, un aumento del 10% en la precipitación máxima acumulada durante cinco días consecutivos se asocia con un incremento del 0.9% en la mortalidad infantil, 1.9% en muertes por enfermedades diarreicas, y 0.8% en defunciones de menores de cinco años. Asimismo, un aumento del 10% en las olas de calor está relacionado con un incremento del 1% en la mortalidad infantil por enfermedades respiratorias.
Proyecciones preocupantes y desafíos económicos
Basándose en los registros actuales, el estudio proyecta que las lluvias intensas podrían aumentar en aproximadamente 0.26 milímetros por año hacia 2050, lo que resultaría en 0.0219 días adicionales de calor extremo anualmente. En este escenario, se estima que las cifras de mortalidad infantil total podrían aumentar en un 0.36% en comparación con el periodo 2010-2020, así como un 0.8% en defunciones por enfermedades diarreicas y un 0.56% en morbilidad infantil por enfermedades respiratorias.
Desde un punto de vista económico, el informe calcula que el costo de las afectaciones adicionales en mortalidad y morbilidad infantil podría alcanzar hasta 888 millones de pesos en un escenario de altas emisiones para mediados de siglo.
La necesidad de políticas efectivas
A pesar de que México cuenta con un marco jurídico e institucional para enfrentar el cambio climático, como la Constitución que garantiza el derecho a un medio ambiente sano y la Ley General de Cambio Climático de 2012, se requieren esfuerzos adicionales para mitigar los impactos en la infancia. Es fundamental reforzar la infraestructura y los servicios esenciales, ampliar las estrategias de protección social e incrementar la inversión pública en medidas de mitigación y adaptación.
El informe concluye que las políticas climáticas deben ir más allá de la reducción de emisiones y la respuesta a desastres, e incluir objetivos claros para la protección de los derechos de la infancia y la reducción de desigualdades. “La protección de la infancia y la adolescencia debe ser central en las estrategias de adaptación y mitigación climática en México. Comprender cómo el cambio climático afecta a estos grupos no es solo una cuestión de protección, sino una condición necesaria para que puedan ser protagonistas en las soluciones que el país y el mundo necesitan”, resalta el documento.

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