noviembre 7, 2026

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El satélite Swift de la NASA, de 1500 kg, se precipita hacia la Tierra: ¿cuándo y dónde ocurrirá el impacto?

El satélite Swift de la NASA, de 1500 kg, se precipita hacia la Tierra: ¿cuándo y dónde ocurrirá el impacto?

Después de más de dos décadas en el espacio y tras una fallida misión de rescate a mediados de 2026, el Observatorio Neil Gehrels Swift, comúnmente conocido como “Swift”, se encuentra en una trayectoria de reentrada a la Tierra, con un impacto probable en algún momento de la próxima semana. Con un peso aproximado de 1,500 kilogramos y dimensiones similares a las de un gran ascensor, el satélite sigue sin un destino específico, aunque los expertos consideran que el riesgo para la población es relativamente bajo.

Lo que hoy se percibe como una inservible pieza de chatarra espacial, en su momento fue un invaluable recurso para la comunidad científica. Lanzado el 20 de noviembre de 2004, Swift estaba equipado con tres telescopios y tenía como misión principal la detección y estudio de estallidos de rayos gamma, eventos que representan algunas de las explosiones más potentes del universo. Al identificar estos fenómenos, Swift transmitía su ubicación a observatorios globales para su análisis en diversas longitudes de onda.

A pesar de haber sido diseñado para operar durante unos pocos años en la órbita terrestre baja, el observatorio superó con creces su vida útil inicial, contribuyendo a importantes descubrimientos sobre la evolución del cosmos, incluyendo el estudio de supernovas y la interacción de agujeros negros con estrellas. Sin embargo, su prolongada existencia llegó a su fin debido a un aumento en la actividad solar en 2024, que calentó y expandió las capas superiores de la atmósfera terrestre, incrementando el arrastre en el satélite y acelerando su descenso. Sin un sistema de propulsión que pudiera corregir su trayectoria, su futuro estaba sellado.

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El intento de rescate fallido

En julio de 2026, la NASA lanzó una misión especial, con un presupuesto de 30 millones de dólares, destinada a rescatar Swift. Esta misión incluyó el despliegue de una nave robótica llamada LINK, desarrollada por la startup estadounidense Katalyst Space, con la esperanza de elevar la órbita del satélite en 240 kilómetros. Lamentablemente, la misión no tuvo éxito. En agosto, Jared Isaacman, administrador de la NASA, comunicó que los problemas de control con la nave espacial impidieron mantenerla en una orientación y estabilidad adecuadas en el espacio.

El 26 de octubre, la NASA informó que Swift se encontraba a menos de 275 kilómetros de la superficie terrestre. Los telescopios del satélite ya no podían realizar observaciones estables de sus objetivos astronómicos, por lo que su última observación se llevó a cabo el 20 de octubre, antes de que el equipo de operaciones de la Universidad Estatal de Pensilvania decidiera finalizar su funcionamiento.

Shawn Domagal-Goldman, director de la División de Astrofísica de la NASA, destacó el notable retorno de inversión que Swift representó para el país, señalando que, a pesar de haber sido concebido para una misión de solo dos años, permaneció activo durante más de diez veces ese tiempo, desempeñando un papel crucial en la comprensión de un universo en constante cambio y contribuyendo a una revolución en la astrofísica que subrayó la importancia de las observaciones de respuesta rápida.

Expectativas sobre la caída del satélite

Las estimaciones de la Fuerza Espacial de Estados Unidos sugieren que Swift podría caer el viernes 6 de noviembre o en fechas cercanas. Se anticipa que la mayor parte del observatorio se desintegre al reentrar en la atmósfera terrestre, aunque algunas partes, como componentes de tungsteno y determinadas secciones de los espejos, podrían sobrevivir a este proceso tumultuoso, según indicó Brad Cenko, científico jefe de la misión de la NASA.

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Dean Sladen, gerente de calidad e ingeniero aeroespacial en Accu Components, detalló que es probable que sobrevivan las seis pesadas ruedas de reacción, que eran utilizadas para la orientación del satélite, junto con las partes más resistentes del telescopio, como lentes y espejos. En contraste, la máscara, compuesta por unas 52,000 diminutas placas de plomo, probablemente se derretirá. Se espera que solo un pequeño número de fragmentos chamuscados logre llegar a la superficie terrestre, sin que se pueda reconocer como un telescopio.

Posibles ubicaciones de impacto

El cálculo sobre el lugar exacto de la caída de los escombros no ha sido hecho público, aunque es probable que la mayoría de los restos terminen en el mar. Amplias regiones de África, Australia, India, el sudeste asiático y América Central y del Sur se encuentran dentro de la franja de reentrada que monitorea la Fuerza Espacial.

Sladen subrayó que la NASA establece que el riesgo para la vida humana debido a la presencia de desechos orbitales sobrevivientes no debe superar uno entre 10,000, lo que sugiere que es muy probable que se haya completado una evaluación de riesgos, aunque no se haya publicado. A su juicio, sería beneficioso que esta información se hiciera pública, tal como se ha hecho en ocasiones anteriores con otros satélites. Aunque el riesgo es casi seguro que es mínimo, proporcionar datos concretos ofrecería a la población una visión clara y objetiva, en lugar de depender de especulaciones.