Una de las erupciones más significativas de los últimos 10,000 años tuvo lugar en las profundidades del océano japonés. Hace aproximadamente 7,300 años, el volcán submarino Kikai liberó una asombrosa cantidad de hasta 183 kilómetros cúbicos de magma, generando un tsunami devastador y cubriendo la región circundante con cenizas. Tras esta explosión, el volcán colapsó debido a la pérdida de gran parte del magma que lo sustentaba, dejando en su lugar una vasta depresión conocida como caldera, que no sería objeto de estudio hasta miles de años después.
Una Caldera de Grandes Proporciones
La caldera del volcán Kikai se encuentra entre un selecto grupo de formaciones geológicas imponentes que también incluye al famoso parque nacional de Yellowstone en Estados Unidos y al volcán Toba en Indonesia. Durante un largo periodo, se aceptó que las supererupciones vaciaban estos gigantescos reservorios de magma, pero recientes investigaciones sugieren una narrativa diferente: estos colosos volcánicos podrían reabastecerse lentamente a lo largo de milenios.
Un estudio reciente publicado en Communications Earth & Environment presenta evidencia de que bajo la caldera de Kikai existe un vasto reservorio de magma que se encuentra parcialmente fundido. Los investigadores proponen que el reservorio responsable de la monumental erupción de hace milenios se ha mantenido en su ubicación original y, después de un extenso periodo, ha comenzado a recibir nuevas inyecciones de magma provenientes de una fuente alternativa.
El Proceso de Recarga Volcánica
Para respaldar esta teoría, los científicos instalaron 39 sismómetros en el fondo marino a lo largo de un recorrido de 175 kilómetros. Al analizar la velocidad de las ondas sísmicas que atravesaban el subsuelo de la caldera, descubrieron una zona situada entre 2.5 y 6 kilómetros de profundidad donde las ondas se desplazaban más lentamente de lo esperado. Este fenómeno suele indicar la presencia de roca extremadamente caliente que contiene material parcialmente fundido.
Sin embargo, este reservorio no debe ser concebido como un «lago de magma» en el sentido convencional. Las estimaciones indican que solo entre el 3 y el 6% de su volumen se encuentra en estado líquido, mientras que el resto consiste en roca caliente que ha comenzado a cristalizar. En el escenario más extremo, la cantidad de material fundido no superaría el 10%. El estudio sugiere un modelo de reinyección de magma, en el que magma nuevo se introduce en este gran reservorio ubicado a poca profundidad justo debajo de la caldera.
Implicaciones para el Futuro Volcánico
Como se concluye en el estudio, “estos procesos de reinyección de magma fundido en un reservorio a poca profundidad justo debajo de la caldera podrían ser un paso hacia la próxima erupción gigante de la caldera”. Las observaciones sobre la tasa de reducción de la velocidad de las ondas sísmicas y los cambios asociados son indicadores cruciales para prever erupciones futuras en grandes calderas.
No obstante, los investigadores aclaran que este descubrimiento no implica que la caldera de Kikai esté en peligro de erupción inminente ni que exista un riesgo inmediato. El verdadero valor de la investigación radica en ilustrar cómo un sistema volcánico de gran envergadura puede acumular magma durante miles de años tras una supererupción. “La reinyección de magma fundido en el mismo gran reservorio de magma a poca profundidad justo debajo de la caldera, como sugerimos para el volcán de Kikai, puede ser una característica común de los volcanes que han experimentado una erupción de caldera significativa”, concluyen los autores.
Durante décadas, los geólogos han considerado que las supererupciones vaciaban la cámara magmática, marcando el final de un ciclo volcánico. Sin embargo, Kikai proporciona nueva evidencia que desafía esta noción, sumándose a estudios sísmicos anteriores que ya habían identificado grandes reservorios de magma bajo otras calderas en todo el mundo. Este estudio japonés introduce un importante mecanismo que podría explicar cómo las cámaras magmáticas recuperan su volumen tras haber experimentado erupciones de gran magnitud.

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