Un equipo de astrónomos del Observatorio Europeo Austral (ESO) ha realizado un fascinante descubrimiento: un disco de escombros que rodea a una enana blanca, resultado de los restos de cuerpos planetarios que en el pasado orbitaban esta estrella. Este hallazgo ofrece una perspectiva intrigante sobre el posible destino del sistema solar una vez que el Sol agote su suministro de combustible.
La enana blanca J1328−1450 se localiza a aproximadamente 1,600 años luz de la Tierra. Aunque ya era conocida a través de catálogos estelares, nuevas observaciones realizadas con el instrumento X-shooter del Very Large Telescope (VLT) han revelado la presencia de un disco de escombros con una estructura peculiar: presenta dos anillos de gas separados por un vacío central.
Un legado del pasado planetario
De acuerdo con el análisis del observatorio, este disco de materia probablemente representa el legado de un sistema planetario que alguna vez orbitó J1328−1450. Al transformarse en una gigante roja y posteriormente en una enana blanca, esta estrella pudo haber destruido varios de sus planetas, dejando expuestos otros cuerpos rocosos a condiciones extremas. Parte del material liberado en este proceso se habría acumulado, formando el disco de gas y polvo que ahora rodea a la estrella en su fase final.
Este fenómeno podría ser un preámbulo de lo que sucederá en nuestro propio sistema solar. Dentro de unos 5,000 millones de años, el Sol alcanzará el final de su vida útil, expandiéndose hasta convertirse en una gigante roja y posiblemente engullendo a los planetas más cercanos, como Mercurio, Venus y tal vez incluso la Tierra. Posteriormente, al expulsar sus capas externas, quedará una enana blanca, dejando a los cuerpos rocosos que sobrevivieron a la transformación expuestos al vacío del espacio. Estos podrían fragmentarse y dar lugar a un disco de escombros similar al que se observa actualmente en J1328−1450.
Una estructura intrigante
No obstante, la formación de los dos anillos de escombros alrededor de la enana blanca sugiere una dinámica adicional. Su estructura parece estar influenciada por cuerpos que aún no han sido identificados directamente por los astrónomos. Los datos recabados indican que, tras la transformación de la estrella, al menos dos objetos planetarios habrían sobrevivido entre los restos del antiguo sistema.
Los investigadores especulan que estos cuerpos podrían tener dimensiones muy diferentes. El más cercano a la enana blanca podría medir apenas unos pocos kilómetros de diámetro, mientras que el más alejado podría ser comparable en tamaño a Plutón o incluso a la Luna. La interacción de estos objetos con el material circundante podría ser la responsable de la formación de los dos anillos, aunque aún no se ha verificado su existencia como entidades independientes. Como alternativa, se plantea la posibilidad de que la estructura del disco provenga de diferentes partes de un mismo cuerpo, como su corteza y su núcleo.

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