agosto 20, 2026

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El Impacto Estructural: Razones del Alto Número de Víctimas en el Segundo Sismo de Venezuela

El Impacto Estructural: Razones del Alto Número de Víctimas en el Segundo Sismo de Venezuela

Verónica Cañas apenas tuvo tiempo de tomar a su hijo de seis años y calzarse los zapatos antes de abandonar precipitadamente su departamento en Caracas. Mientras descendía las escaleras, las paredes comenzaron a agrietarse y parte de la fachada se desmoronaba. A pocos kilómetros, Eduardo Burger, de 50 años, observaba cómo un edificio en Altamira se movía con un vaivén inquietante, mientras otro perdía fragmentos de su estructura.

Ambos ignoraban que lo que estaban experimentando no era simplemente un fuerte terremoto, sino un fenómeno sísmico extraordinario. El 24 de junio, Venezuela vivió un evento sísmico inusual: dos terremotos de magnitudes 7.2 y 7.5, separados por solo 39 segundos. El primer sismo se registró a las 18:04 horas (hora local) con epicentro en Yaracuy. Apenas unos segundos después, un segundo movimiento, más intenso, volvió a sacudir la misma zona. Ambos sismos ocurrieron a profundidades de entre 10 y 20 kilómetros, lo que favoreció la transmisión de energía hacia la superficie, provocando que las ondas sísmicas se sintieran en Colombia, el norte de Brasil y varias islas del Caribe, como Aruba, Bonaire y Curazao. Hasta el momento, se ha confirmado la trágica cifra de 589 muertos y cerca de 3,000 heridos.

La dinámica del desastre

“La mesa del comedor comenzó a temblar […]. Al principio pensamos que era un temblor leve, pero luego se intensificó rápidamente. Las paredes se agrietaban y partes del techo caían. Creíamos que todo se nos iba a venir encima”, recuerda Verónica Cañas. Junto a su familia, logró llegar a una cancha deportiva frente al edificio, donde otros vecinos también se reunieron. Allí, fueron sorprendidos por una nueva sacudida. “Todos nos abrazamos con miedo porque no estamos acostumbrados a esto. En México y Chile, hay una cultura de preparación para sismos; la gente está entrenada para reaccionar ante alertas y movimientos, pero nosotros no”, comenta.

La experiencia de Verónica refleja una de las principales diferencias entre Venezuela y otros países con mayor actividad sísmica. Aunque el territorio venezolano se sitúa sobre la interacción entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana, terremotos de tal magnitud son poco comunes para la mayoría de la población. Alan Damián Sánchez Pulido, ingeniero civil y especialista en identificación de daños estructurales, explica que el fenómeno se origina precisamente en la interacción entre estas dos placas tectónicas.

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“En Venezuela, la interacción entre la placa del Caribe y la Sudamericana es de movimiento lateral, lo que puede haber provocado que se generaran dos sismos significativos de manera tan cercana en el tiempo”, señala. A diferencia de México, donde la placa de Cocos se introduce por debajo de la placa Norteamericana, en Venezuela el desplazamiento lateral crea escenarios diferentes. “Es un fenómeno raro, pero no es imposible. Podría ocurrir en cualquier lugar del mundo donde haya interacción entre placas tectónicas”, agrega.

El impacto del doblete sísmico

No solo sorprende que se hayan registrado dos terremotos de gran magnitud, sino que el segundo ocurrió solo 39 segundos después del primero. Para Sánchez Pulido, este breve intervalo fue crucial para determinar qué edificios se mantuvieron en pie y cuáles resultaron gravemente dañados. “Muchas estructuras ya habían sufrido algún tipo de daño con el primer sismo. Aunque esos daños no sean significativos, alteran el comportamiento original para el cual fueron diseñadas. Cuando, a continuación, ocurre otro sismo de magnitud similar, ya no hay tiempo para reforzar o evaluar la estructura. Por lo tanto, no responde como se esperaba”, detalla.

En esencia, el primer terremoto debilitó varias edificaciones y el segundo encontró estructuras que ya habían perdido parte de su capacidad de absorción de energía. Esta explicación técnica ayuda a entender situaciones como la que vivió Eduardo Burger en Altamira: “El edificio San Miguel comenzó a descascararse”, recuerda. “Las paredes de los primeros y segundos pisos se desprendieron y cayeron justo donde yo estaba. Mientras corríamos hacia el centro de la calle, vi cómo un edificio se balanceaba como un péndulo”.

Diferencias en la respuesta estructural

¿Por qué inmuebles situados casi en la misma calle presentaron daños tan dispares? La respuesta no depende exclusivamente de los materiales utilizados en su construcción. Sánchez Pulido señala que cada edificio tiene un periodo de vibración natural, es decir, una frecuencia con la que tiende a oscilar. Cuando esta frecuencia coincide con parte de la energía liberada por un terremoto, se produce un fenómeno conocido como resonancia, que puede amplificar considerablemente el movimiento de la estructura.

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El ingeniero compara esto con una copa de cristal que puede romperse si se alcanza exactamente la frecuencia adecuada. “Si en un momento el edificio entra en resonancia con el sismo, más allá de la resistencia o el diseño, se activa este fenómeno y un edificio que podría moverse levemente durante el sismo, se mueve mucho más”, explica. Muchas veces se considera que un edificio colapsó por malas prácticas de construcción, pero Sánchez Pulido enfatiza que no siempre es así. Así, dos edificios aparentemente similares pueden comportarse de manera muy diferente durante un mismo evento sísmico. Además de esta variable, el tipo de suelo sobre el que fueron construidos también influye en su comportamiento.

Al igual que en México, Venezuela presenta diversos tipos de terreno, que van desde zonas rocosas hasta suelos arcillosos y blandos. Cada uno de estos terrenos modifica la manera en que las ondas sísmicas llegan a la superficie, afectando así la respuesta de las edificaciones. La diferencia radica en que la normativa venezolana no aborda este aspecto con el mismo nivel de detalle que otros países. Tras revisar el código técnico oficial venezolano, Covenin 1756:2019, Sánchez Pulido encontró que la clasificación del terreno se realiza de manera mucho más general.

La incertidumbre tras el desastre

Mientras los especialistas tratan de comprender lo sucedido, miles de familias enfrentan la incertidumbre sobre la posibilidad de regresar a sus hogares. Este temor se ha extendido por gran parte de Caracas. En muchos edificios, el principal miedo ya no es el terremoto en sí, sino regresar a una estructura cuya seguridad no ha sido evaluada. Verónica Cañas, aunque ilesa, ha dejado su departamento desde la noche del sismo. “Agradezco que estamos bien, pero estamos fuera de casa porque tanto el apartamento como la estructura del edificio están comprometidos. Necesitamos que un ente evalúe la situación”, relata.

La situación de Carolina Armas, de 55 años, es similar. Después de evacuar su edificio con su familia, encontró refugio en casa de unos familiares mientras espera la inspección de Protección Civil. “Nunca había sentido un miedo real a perder la vida junto a mi familia y vecinos. El movimiento era tan fuerte que parecía irreal. Las grietas en mi edificio son numerosas y profundas”, comparte. “Llamé personalmente a Protección Civil para que evaluaran los daños y ya han pasado más de 12 horas sin respuesta”.

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Tanto Verónica como Carolina coinciden en que los recursos disponibles no han sido suficientes ante la cantidad de edificios afectados, especialmente porque gran parte de los esfuerzos se han concentrado en La Guaira, donde el impacto fue mayor. “Nos han dicho que en este momento no somos la emergencia; hay otras zonas que requieren atención”, afirma Verónica, quien añade que aunque ha podido comunicarse con su familia, ha visto que muchas personas siguen incomunicadas. “En La Guaira no hay luz ni señal telefónica. Hay familias desaparecidas”, menciona.

Desafíos en la respuesta humanitaria

Eduardo Burger también notó esta diferencia. Después de observar los daños en Altamira, caminó de regreso hacia Los Palos Grandes y encontró una de las imágenes que más lo impactaron: el colapso del edificio Petunia. “Es devastador decirlo, porque ha sido doloroso ver ese edificio de 13 pisos totalmente derrumbado”, relata. Aunque reconoce el esfuerzo de rescatistas y vecinos, considera que la coordinación inicial fue insuficiente. La falta de equipos complicó las labores de rescate. Burger cuenta que algunos voluntarios mencionaron que carecían de herramientas básicas para remover escombros.

Organizaciones humanitarias también han alertado sobre la escasez de insumos. Según Project HOPE, las necesidades más urgentes incluyen vendajes, material de sutura, medicamentos y herramientas especializadas para liberar a personas atrapadas entre los escombros.

La solidaridad ciudadana

<pFrente a esta realidad, los ciudadanos comenzaron a organizarse. Mientras las autoridades intentaban manejar la emergencia, iglesias, universidades, organizaciones civiles y vecinos establecieron centros de acopio para enviar alimentos, ropa y medicamentos a las zonas más afectadas. “Los ciudadanos nos estamos uniendo […] La iglesia está recolectando ropa y alimentos; vecinos con motos están llevando ayuda y colaborando en