La sonda Hayabusa 2 ha logrado con éxito una misión que se considera casi sin precedentes en la historia de la exploración espacial. Este ingenio japonés realizó un sobrevuelo preciso del asteroide Torifune (98943), que se encuentra a aproximadamente 100 millones de kilómetros de nuestro planeta. Durante esta operación, la nave no encontró contratiempos y logró fotografiar el asteroide, confirmando su forma inusual. La misión también subraya la capacidad técnica de la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA) para llevar a cabo futuras misiones de defensa planetaria en el caso de que un asteroide represente una amenaza para la Tierra.
Un encuentro a gran velocidad
Según la información proporcionada por JAXA, Hayabusa 2 pasó cerca de Torifune a una velocidad de 5.3 kilómetros por segundo. Aunque los ingenieros aún están en proceso de determinar la distancia mínima de acercamiento, han confirmado que los cuatro instrumentos científicos a bordo funcionaron correctamente y recopilaron datos durante el sobrevuelo. Esta información, que se espera llegue a la Tierra en los próximos meses, permitirá reconstruir con precisión la maniobra alrededor de un asteroide que tiene aproximadamente 450 metros de diámetro.
Uno de los hallazgos más notables de esta misión son las imágenes de alta resolución de Torifune. Una fotografía tomada un segundo antes de la mayor aproximación revela que el asteroide tiene una estructura alargada compuesta por dos lóbulos unidos, una configuración que se conoce como binario de contacto. Este aspecto evoca inmediatamente al objeto Arrokoth, que fue visitado por la misión New Horizons en 2019, sugiriendo que Torifune pudo haberse formado a partir de la lenta fusión de dos cuerpos independientes en las primeras etapas del sistema solar. Además de las imágenes visuales, Hayabusa 2 generó mapas térmicos de su superficie y realizó mediciones láser que ofrecerán información más detallada sobre su composición, temperatura y forma una vez que los científicos analicen los datos.
Un avance en la defensa planetaria
Más allá de su relevancia científica, el sobrevuelo de Torifune también ha servido como una demostración tecnológica significativa. La capacidad de guiar una nave para que pase a escasa distancia de un asteroide de unos pocos cientos de metros, mientras ambos se desplazan a velocidades superiores a varios kilómetros por segundo, requiere una precisión extrema en la navegación y el control. Estas habilidades son fundamentales para las futuras estrategias de defensa planetaria.
JAXA destaca que este tipo de maniobras permite realizar inspecciones rápidas de asteroides potencialmente peligrosos, evaluando su composición, forma y trayectoria antes de decidir una respuesta adecuada. Además, representa un avance hacia el desarrollo de misiones que podrían desviar estos objetos mediante un impacto cinético, una técnica que fue probada exitosamente por la misión DART de la NASA en 2022.
Mirando hacia el futuro
Los resultados obtenidos de la misión Torifune también fortalecen la experiencia acumulada por Japón para futuras colaboraciones internacionales en defensa planetaria, como es el caso de la misión RAMSES de la Agencia Espacial Europea, que se centrará en el estudio del asteroide Apophis durante su acercamiento histórico a la Tierra en 2029.
Hayabusa 2 es ya un referente en la exploración espacial. Este sobrevuelo de Torifune forma parte de una misión extendida que JAXA le encomendó tras completar con éxito su objetivo original en 2020. La sonda fue diseñada para viajar al asteroide Ryugu, recoger muestras de su superficie y regresar con ellas a la Tierra, una tarea que cumplió en poco más de seis años.
Tras el exitoso encuentro con Torifune, Hayabusa 2 ha comenzado su trayecto hacia su siguiente destino: el asteroide 1998 KY26, un pequeño cuerpo de apenas 11 metros de diámetro. Si todo marcha según lo planeado, la sonda llegará a este asteroide en 2031, marcando el estudio de uno de los asteroides más pequeños que cualquier nave espacial haya explorado de cerca.

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