Almudena Cadalso – Doble Mirada
Hay bodas que se recuerdan por el lugar, por las flores, por la música o por unas fotografías bonitas. Pero hay otras que permanecen en la memoria por algo más difícil de explicar: porque tienen algo de quienes las protagonizan.
Para conseguirlo hacen falta muchas cosas: planificación, experiencia, creatividad, atención al detalle y, sobre todo, escuchar.
Esa es la forma de entender las bodas de Alicia Carreras, wedding planner en Lanzarote y Canarias. Su trabajo no consiste únicamente en organizar una celebración, sino en acompañar a cada pareja durante todo el proceso, entender qué quiere contar con su boda y convertir esa idea en algo real.

Almudena Cadalso – Doble Mirada
Del escenario a las bodas
Antes de dedicarse al mundo de las bodas, el escenario ya formaba parte de su vida. Alicia es de Lanzarote, pero se marchó a Madrid para estudiar teatro musical y allí comenzó también su trayectoria profesional como actriz, cantante y bailarina.
Después de varios años trabajando en Madrid decidió volver a la isla. A su regreso comenzó a dar clases de baile en la escuela que había pertenecido a su madre y que terminó heredando, retomando así también una parte muy importante de su vínculo con la danza y con Lanzarote.
Fue durante esa etapa cuando, por una cuestión económica, empezó a trabajar como camarera de extras para Frelanz Waiters, una empresa que proporciona personal de hostelería para eventos en la isla. Y fue precisamente a través de esos servicios donde empezó a descubrir el mundo de las bodas desde dentro.
Aunque, mirando atrás, quizá tampoco fuera una casualidad. De pequeña ya jugaba a organizar bodas sin imaginar que algún día aquello pudiera convertirse en su profesión.
Una persona que la ayudó en sus comienzos le regaló un curso de wedding planner. Después llegó el trabajo en una de las grandes empresas del sector en la isla, donde tuvo la oportunidad de encargarse de bodas de gran tamaño.
Hasta que decidió organizar una boda por su cuenta.
Aquella primera experiencia terminó convirtiéndose en un camino profesional que, cinco años después, sigue creciendo.
Y quizá hay algo de todas esas etapas que continúa presente en su manera de trabajar: la disciplina de una bailarina, la sensibilidad de una artista y la capacidad de crear una puesta en escena. Solo que ahora quienes ocupan el centro no son los artistas, sino las parejas.

Almudena Cadalso – Doble Mirada
Todo empieza con una conversación
Antes de hablar de flores, fincas o mesas, el primer paso es conocer a la pareja.
La primera reunión es gratuita y sirve precisamente para eso: para hablar. Saber cómo se conocieron, cuánto tiempo llevan juntos, cómo son, qué les gusta, qué no les gusta, qué esperan de su boda y qué cosas son importantes para ellos.
También aparecen las cuestiones prácticas: qué tipo de ceremonia imaginan, cuántos invitados tendrán, qué estilo de espacio buscan, cuál es su presupuesto o incluso si necesitan ayuda con cuestiones como la elección del vestido.
Pero detrás de todas esas preguntas hay una intención mucho más importante: descubrir qué hay detrás de la idea inicial.
“Me gusta conocer a las parejas y rascar un poco detrás de su historia para descubrir cómo podría ser esa boda soñada.”
A partir de ahí se prepara una propuesta personalizada y, si la pareja decide seguir adelante, comienza un proceso que puede durar muchos meses.
Muchas parejas reservan con alrededor de un año de antelación, aunque también hay quienes empiezan a trabajar con ella con un año y medio o incluso dos años de margen.

Almudena Cadalso – Doble Mirada
Perfeccionismo, versatilidad y creatividad
Si tuviera que definir su manera de trabajar, hay tres ingredientes que aparecen constantemente: perfeccionismo, versatilidad y creatividad.
Ella misma habla de una especie de “remix” entre los tres.
El perfeccionismo está en la atención al detalle. La versatilidad, en la capacidad de adaptarse a parejas, estilos y circunstancias muy diferentes. Y la creatividad aparece especialmente cuando llega el momento de diseñar.
Porque aquí no se trata solamente de organizar.
También hay una parte de creación.
Una vez que los principales aspectos de la boda están encaminados, llega el momento de volver a sentarse con la pareja y hablar de espacios, colores, flores, materiales, inspiración y sensaciones.
Con toda esa información se desarrolla un concepto visual y un moodboard que después se traslada al equipo de decoración y floristería.
Su formación artística vuelve a aparecer aquí de una manera natural. Diseñar una boda también es crear una atmósfera, pensar cómo se verá, cómo se sentirá y qué historia contará.
Como una puesta en escena, pero con los novios como protagonistas.
Diseñar sin imponer
Una de las cosas que tiene más claras es que la boda pertenece a la pareja.
Ellos tienen voz y capacidad de decisión. El papel de una wedding planner es escuchar, aportar experiencia, ordenar posibilidades y aconsejar, pero sin imponer.
Hay parejas que llegan con una idea muy definida y otras que necesitan ayuda para descubrir qué quieren realmente. En ambos casos, el objetivo es acompañar.
Porque tener a alguien que sabe lo que hace no significa dejar de decidir. Significa poder tomar decisiones con más tranquilidad.
Y esa confianza es una de las partes que más valora del proceso.

Almudena Cadalso – Doble Mirada
Elegir lo que encaja
Una de las primeras grandes decisiones suele ser encontrar el lugar adecuado.
Se visitan diferentes fincas, se valoran posibilidades y se intenta encontrar aquella que realmente encaje con la pareja, tanto por estilo como por presupuesto y necesidades.
Después llegan el catering, las pruebas de menú, fotografía, vídeo, música, logística y todos los profesionales que hacen posible que una boda funcione.
En este punto hay algo que forma parte de su manera de trabajar: no recibe comisiones de los proveedores.
Las recomendaciones se hacen pensando en lo que necesita cada pareja. Qué profesional encaja mejor con ellos, con su presupuesto, con su estilo y con la forma en la que quieren vivir su boda.
No se trata de recomendar más, sino de recomendar mejor.
Por eso es tan importante rodearse de buenos profesionales y, sobre todo, de personas en las que pueda confiar.
La parte de la boda que nadie ve
Gran parte del trabajo de una wedding planner ocurre lejos de los focos.
Hay horarios que coordinar, cambios de última hora, proveedores que deben estar alineados, invitados cuyo número cambia, decisiones que ajustar y cientos de pequeños detalles que tienen que encajar.
Pero el objetivo es precisamente que todo eso no recaiga sobre los novios.
Que puedan disfrutar.
Algunas parejas lo resumen después de la boda con frases como “menos mal que te teníamos” o “eres un colchón, Alicia”.
Y probablemente no haya una definición mucho mejor.
Estar pendiente de lo que ocurre, anticiparse a los problemas, resolver cuando algo cambia y transmitir tranquilidad forma parte de un trabajo que muchas veces no se ve, pero que permite que todo lo demás funcione.

Nora Kohler – Norakohlerfilms
Cuando el escenario cobra vida
Y entonces llega el día de la boda.
Después de meses de reuniones, visitas, decisiones, diseños y planificación, todo aquello que estaba sobre el papel cobra vida.
Para alguien que ha pasado tantos años sobre un escenario existe, además, una conexión especial con ese momento.
Durante mucho tiempo conoció la sensación de salir a escena y recibir los aplausos después de una actuación. Ahora la emoción llega desde otro lugar.
No es ella quien está en el centro.
Son los novios.
Pero verles felices, escuchar que todo ha salido como imaginaban o recibir un abrazo cuando termina la celebración produce una sensación difícil de explicar.
Y hay momentos que no aparecen en ningún planning.
Como el de Laura y Pol.
Según terminó su ceremonia, tenía que recogerles con el coche para llevarles a la parte baja de la finca. Una de esas cosas que surgen durante una boda y que forman parte de la coordinación del día.
Pero cuando salieron de la ceremonia, en lugar de ir directamente hacia el coche, vinieron hacia ella y le dieron un abrazo.
Fue brutal.
Una de esas emociones que no se pueden explicar demasiado. Después de tantos meses trabajando juntos, de repente llega ese momento y entiendes que todo ha merecido la pena.
Hay bodas que terminan y relaciones que no
Quizá por eso muchas parejas siguen formando parte de su vida después de la boda.
Este año, por ejemplo, acompañó a una pareja que vive en Barcelona pero tiene raíces andaluzas y que decidió celebrar su boda en Lanzarote junto a sus dos hijas pequeñas.
Desde el principio depositaron una confianza enorme en ella. Muchas veces la respuesta era simplemente: “Lo que tú digas, Alicia”.
Durante todo el proceso terminó creando también un vínculo muy especial con las niñas, a las que cogió muchísimo cariño.
Después de la boda, la relación continuó.
Siguen escribiéndose y compartiendo cosas, como ocurre con otras parejas con las que mantiene contacto incluso años después de haber terminado la celebración.
Es una de las partes más bonitas de este trabajo: descubrir que algunas relaciones no terminan cuando se acaba la boda.

Alejandro Díaz
Lanzarote como escenario
Trabajar en Lanzarote permite además desarrollar una de sus grandes pasiones profesionales: las destination weddings.
Cada vez son más las parejas que viven fuera de la isla y que deciden viajar hasta Canarias para celebrar aquí uno de los días más importantes de sus vidas.
Y Lanzarote ofrece mucho más que un paisaje bonito.
Los volcanes, la luz, la arquitectura y el carácter de la isla pueden formar parte de la celebración y convertirse en una parte más de la historia.
La clave está en conseguir que el destino acompañe a la pareja sin quitarle protagonismo.
Que el lugar sea especial, pero que cuando los novios miren alrededor sigan sintiendo que todo habla de ellos.
Una forma muy personal de hacer las cosas
Quizá una de las claves de su trabajo sea precisamente la naturalidad.
No intenta construir una imagen determinada de lo que debería ser una wedding planner. Prefiere mostrarse tal y como es.
“Yo no soy la imagen de una wedding planner. Soy Alicia y punto.”
Esa naturalidad genera confianza y permite establecer una relación muy cercana con las parejas, sin perder nunca el lado profesional.
Le gusta implicarse, conocerles, entenderles y acompañarles. Y reconoce que, con el tiempo, muchas parejas terminan convirtiéndose en algo más que clientes, aunque siempre manteniendo los límites profesionales.
De cada historia se lleva un poquito.
“Un cachito de corazón”, como ella misma lo define.
Y quizá esa sea una de las razones por las que se toma cada boda con tanta exigencia. Porque no quiere simplemente que todo salga bien.
Quiere que tenga sentido.
Que cada decisión responda a algo. Que la estética sea cuidada sin perder personalidad. Que la celebración sea elegante sin dejar de ser auténtica.
Y, sobre todo, que cuando llegue el final y los novios miren atrás puedan pensar que no vivieron una boda cualquiera.
Vivieron la suya.

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