La obesidad y el sobrepeso han sido históricamente vinculados a un mayor riesgo de demencia y deterioro cognitivo. Sin embargo, investigaciones recientes indican que esta asociación no se basa únicamente en la cantidad total de grasa corporal, sino también, y quizás de manera más crucial, en la localización de dicha grasa en el organismo.
Un equipo de investigadores de la Universidad Politécnica de Hong Kong (PolyU) llevó a cabo un estudio innovador a gran escala, explorando de manera sistemática cómo la acumulación de grasa en distintas áreas del cuerpo se relaciona con la estructura cerebral, la conectividad funcional y diversas capacidades cognitivas. Este trabajo se fundamentó en información clínica de más de 18,000 participantes del Biobanco del Reino Unido.
Los científicos no solo analizaron el índice de masa corporal (IMC) de los individuos, sino que también emplearon la absorciometría de rayos X de doble energía, una técnica de imagen que permite medir con precisión la cantidad de grasa y su distribución en el cuerpo. A través de esta metodología, el equipo pudo cuantificar la grasa en brazos, piernas y tronco, así como estimar la grasa visceral, la cual rodea a los órganos internos.
Un análisis exhaustivo del cerebro
Paralelamente, se llevó a cabo un análisis de la estructura cerebral y la conectividad funcional mediante diversas técnicas de resonancia magnética. Esto permitió obtener una visión integral del estado del cerebro de cada participante. La información se complementó con pruebas orientadas a evaluar el desempeño cognitivo, abarcando aspectos como el razonamiento, la velocidad de procesamiento, la memoria y las funciones ejecutivas, que incluyen la planificación, la toma de decisiones y la resolución de problemas complejos.
Los resultados del estudio, publicados en la revista Nature Mental Health, evidencian que la distribución de la grasa corporal tiene un impacto significativo en el funcionamiento cerebral. En términos generales, se confirmó que la grasa acumulada en brazos, piernas, tronco y la región visceral se asoció con cambios diferenciados en la estructura y el funcionamiento del cerebro, afectando sistemas clave como el sensoriomotor, el límbico, la red por defecto y regiones subcorticales, el cerebelo y el tronco encefálico.
Impacto diferencial de la grasa corporal
No obstante, los cambios observados no fueron uniformes. La profesora Anqi Qiu, experta en neuroinformática de la PolyU, destacó que «la grasa en diferentes partes del cuerpo genera trayectorias de cambio cerebral completamente distintas, que no pueden ser detectadas solo a través del peso corporal o el IMC». El modelo analítico desarrollado por el equipo mostró claramente que la grasa en diversas regiones causa daños diferenciados en los sistemas cerebrales.
La grasa acumulada en brazos, piernas y tronco se asoció principalmente con una reducción del volumen y grosor de áreas dentro de la red por defecto, que está relacionada con la memoria y el pensamiento complejo, así como del sistema límbico, que regula las emociones y participa en la formación de recuerdos. Además, la grasa en estas áreas mostró asociaciones específicas con la conectividad funcional; por ejemplo, la grasa en los brazos se vinculó más estrechamente con la corteza sensoriomotora, mientras que la de las piernas mostró un vínculo con el sistema límbico y la del tronco presentó un patrón intermedio.
La gravedad de la grasa visceral
Uno de los hallazgos más preocupantes del estudio estuvo relacionado con la grasa visceral, la cual se asoció con alteraciones significativas en la estructura cerebral, la conectividad funcional y la integridad de la sustancia blanca. Este tipo de grasa fue el único que mostró una relación consistente con resultados deficientes en pruebas de razonamiento, memoria, velocidad de procesamiento y funciones ejecutivas, incluso tras considerar variables como la edad, el sexo, el nivel educativo, el estilo de vida y el IMC.
Asimismo, la grasa visceral se vinculó con un envejecimiento cerebral acelerado. Los investigadores observaron que las personas con mayores niveles de grasa visceral tendían a presentar un cerebro que parecía más viejo en comparación con su edad cronológica. Este patrón no se observó con la misma claridad en la grasa acumulada en otras partes del cuerpo.
Implicaciones para la salud cerebral
Los investigadores sugieren que este fenómeno podría explicarse por la actividad metabólica particular de la grasa visceral, que, a diferencia de la grasa subcutánea, libera mayores cantidades de sustancias inflamatorias, hormonas y moléculas asociadas con la resistencia a la insulina, la hipertensión y otros trastornos metabólicos. Estos procesos han sido previamente vinculados con inflamación crónica, daño vascular y deterioro cerebral.
Aunque el estudio no puede establecer una relación definitiva de causa y efecto, sus hallazgos subrayan la importancia de considerar estrategias específicas para reducir la grasa visceral como una posible vía para preservar la salud cerebral, mantener la agudeza mental y disminuir el riesgo de demencia. La profesora Qiu concluye que «la adiposidad regional es un factor de riesgo que puede ser intervenido y modificado. Reducir la grasa visceral a través de cambios en el estilo de vida puede abrir nuevas oportunidades para la prevención y el tratamiento proactivo de enfermedades neurodegenerativas».

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