La discusión sobre la inteligencia artificial (IA) no puede ser un tema exclusivo de las grandes empresas, las potencias tecnológicas o de un reducido grupo de expertos. Carlos Artemio Coello Coello, investigador del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN y uno de los representantes latinoamericanos del Panel Científico Internacional Independiente sobre IA de la ONU, enfatiza la necesidad de involucrar a más naciones, regiones y disciplinas en el análisis de cómo esta tecnología impacta diversas realidades globales.
La IA ya está presente en sectores tan variados como la educación, la salud mental, los derechos humanos, el medio ambiente y la economía. Coello señala que ningún colectivo puede abarcar por sí solo el análisis de sus múltiples efectos. «La percepción de la IA varía en función del país. En algunos, se considera un elemento accesorio, mientras que en otros, ciertas herramientas se utilizan de manera cotidiana», explica Coello en una entrevista.
Un llamado a la inclusión en la gobernanza de la IA
Este llamado de atención se produce en una semana clave para el debate internacional sobre la IA, en la que Ginebra fue sede de varias discusiones. La ONU organizó el primer Diálogo Global sobre Gobernanza de la IA, presentó formalmente la Comisión Global de IA para el Bien y publicó el informe preliminar del panel científico al que pertenece Coello.
A pesar de que estos encuentros buscan abordar el rápido avance de la tecnología, cada uno cumple funciones y está compuesto de manera diferente. La Comisión Global de IA para el Bien reúne a líderes empresariales, jefes de Estado y organismos internacionales con el propósito de analizar los principales desafíos técnicos, sociales, económicos y políticos de la IA y encontrar vías para fomentar la confianza, promover una innovación responsable y maximizar sus beneficios. De sus 44 miembros fundadores, 27 representan a empresas o fondos de inversión.
En contraste, el panel científico fue establecido en agosto de 2025 por la Asamblea General de la ONU con una misión científica y apolítica. Sus integrantes actúan a título personal y no representan a gobiernos, empresas ni instituciones. Su tarea es evaluar la evidencia disponible sobre las capacidades, oportunidades, riesgos e impactos de la IA. «Nuestra labor no consiste en asesorar. Nuestro papel es informar y alertar sobre posibles riesgos», afirma Coello. «Desde el inicio, acordamos no emitir recomendaciones para evitar cualquier sesgo en nuestras conclusiones».
Diversidad y representación en el panel científico
El panel está compuesto por 40 especialistas provenientes de las cinco regiones de la ONU y de diversas áreas del conocimiento. Los miembros fueron nombrados por un periodo de tres años y tienen la responsabilidad de elaborar una evaluación científica anual para presentarla en el Diálogo Global sobre Gobernanza de la IA.
Coello, quien posee un doctorado en Ciencias de la Computación por la Universidad de Tulane y se especializa en computación evolutiva, destaca que el grupo incluye expertos en áreas como aprendizaje profundo, computación cuántica, filosofía, derecho, educación y ciencias sociales. Sin embargo, esta diversidad no es uniforme. Europa y Asia concentran 12 miembros cada una, África tiene ocho, América del Norte cuenta con cuatro, América del Sur con dos y Oceanía con uno. En total, América Latina solo está representada por tres personas: Loreto Bravo de Chile, Teresa Ludermir de Brasil y Carlos Coello de México.
Coello menciona que el informe también abarca temáticas que no pudieron desarrollarse con la misma profundidad, como el impacto ambiental, ya que no hay un especialista en esa área dentro del panel, aunque se aborda en el documento. Según el investigador, la discusión debería incluir a expertos en psicología, pedagogía, economía y medio ambiente, entre otros.
Desafíos en la regulación y evaluación de la IA
El primer informe preliminar del panel advierte que las capacidades de la IA avanzan a un ritmo más acelerado que los métodos para evaluarlas y regularlas. En pocos años, los modelos han mejorado notablemente en áreas como conversación, programación, razonamiento matemático y científico, análisis de datos masivos y generación de contenido multimedia.
Coello identifica uno de los mayores retos: cualquier diagnóstico sobre el estado de la tecnología puede volverse obsoleto rápidamente. «Es complicado capturar un momento en el tiempo, porque cuando lo hacemos, ya han cambiado muchas cosas», afirma. Por esta razón, subraya la importancia de actualizar el informe a medida que surjan nuevas capacidades y evidencias.
Este dilema también afecta a la regulación. Diseñar y aprobar políticas públicas puede llevar meses o incluso años, mientras los modelos continúan evolucionando. «Es un objetivo en movimiento que nunca podremos alcanzar. No importa lo que hagamos: cuando finalmente se implemente una política pública, es probable que la tecnología ya haya cambiado», sostiene Coello.
La concentración del desarrollo de la IA
La dificultad para gobernar la IA aumenta debido a que no todos los países cuentan con las mismas capacidades para desarrollarla o evaluarla. Según el informe, en 2025, Estados Unidos concentraba el 75% de la potencia computacional de los 500 principales clústeres de IA, mientras que China tenía el 15% y el resto del mundo el 10%. Además, el 91% de los modelos destacados provenían del sector privado.
La cadena de suministro también presenta una concentración preocupante, con un solo proveedor controlando más del 80% del mercado, como ASML en Europa y Nvidia en Estados Unidos. Esto implica que pocas empresas tienen el poder de decisión sobre los datos de entrenamiento, el acceso a los modelos y la información que se comparte acerca de sus capacidades.
Coello advierte que la predominancia de solo dos países plantea el riesgo de que estas herramientas se utilicen para servir a sus propios intereses, en detrimento de los demás. «No estoy sugiriendo que lo hagan, pero tienen la capacidad de hacerlo, dado su control sobre la tecnología», señala.
La necesidad de una estrategia mexicana en IA
Frente a este panorama, Coello enfatiza que México debe avanzar de una discusión general a la formulación de una estrategia propia en relación con la IA. No se trata de competir con las grandes empresas tecnológicas ni de regular todos los usos de la IA, sino de definir qué capacidades quiere desarrollar el país, cómo protegerá los datos y en qué áreas se implementarán estas herramientas.
El investigador aboga por la creación de un plan que contemple la formación de especialistas, la innovación en modelos educativos y la gestión pública. Como ejemplo, menciona a Chile, donde se han establecido instituciones y proyectos enfocados en analizar el desarrollo de la IA desde una perspectiva latinoamericana.
«Me gustaría escuchar a las autoridades sobre cuál es el plan para integrar a México en este ámbito, porque si quedamos completamente al margen, corremos el riesgo de un aislamiento tecnológico […]. Deben existir acciones gubernamentales que no necesariamente impliquen grandes inversiones, pero sí que concienticen a la población de que esta tecnología no puede ser ignorada. Nos guste o no, ha llegado para quedarse», concluye Coello.
Para él, la respuesta a estos desafíos va más allá de desarrollar nuevos modelos o centros de datos. Es necesario fomentar un diálogo inclusivo que integre diversas disciplinas, países y comunidades.

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