A medida que surgen controversias sobre el uso de la inteligencia artificial en la escritura, una startup británica ha desarrollado un método para que las editoriales puedan certificar que sus libros son “orgánicos”, es decir, escritos exclusivamente por humanos, sin intervención de máquinas.
Certificación de libros orgánicos
La empresa Books by People ha anunciado que ha obtenido la autorización de la Oficina de Propiedad Intelectual del Reino Unido para comenzar a distribuir un distintivo que certifique que un libro ha sido creado por un ser humano. Este sello, que tiene el diseño de una huella dactilar, se colocará en la portada de las obras certificadas.
Esme Dennys, cofundadora de la iniciativa, explica que “si la gente desea escribir libros utilizando inteligencia artificial o disfrutarlos, está en su derecho”. Sin embargo, enfatiza que “si buscas leer algo escrito por una persona real, deberías poder encontrarlo”, y su objetivo es facilitar esa opción a los lectores.
El sistema de certificación de Books by People se diferencia de etiquetas anteriores como «Human Authored», que dependían de la honestidad del autor sobre el uso de inteligencia artificial. Para validar su certificación, la startup requiere una declaración de autoría, analiza los manuscritos con software propio y revisa manualmente los borradores y materiales de investigación proporcionados por el autor y el editor, en busca de “indicadores de humanidad”. Dennys comenta que la organización estudia todos los elementos que permiten determinar si una obra ha sido creada de manera natural durante el proceso de redacción y revisión.
Books by People cobrará a las editoriales una tarifa fija de afiliación, así como una suma adicional por cada libro que deseen certificar. Hasta el momento, cinco editoriales han firmado para participar en este nuevo esquema, y se espera que el primer libro con el sello sea publicado a finales de este año.
Impacto de los escándalos en el sector editorial
El ámbito editorial ha sido sacudido por varios escándalos relacionados con el uso de inteligencia artificial por parte de autores. Por ejemplo, un agente literario canceló un contrato por 2 millones de dólares, mientras que una editorial retiró una novela de las estanterías debido a acusaciones de uso de IA. Adicionalmente, lectores han señalado que un relato corto premiado podría haber sido generado por inteligencia artificial.
A pesar de ello, los profesionales del sector no parecen estar excesivamente preocupados por ser reemplazados por la inteligencia artificial. Según diversas fuentes, la mayoría considera que, en última instancia, pocos lectores estarán interesados en obras creadas por máquinas.
Desconfianza y la necesidad de transparencia
Sin embargo, estos incidentes han comenzado a erosionar la confianza del público en la premisa fundamental del mundo editorial: que cada libro que llega a las estanterías ha sido escrito por una persona real, sin plagio. Sam Jordison, co-director de Galley Beggar Press, enfatiza que “el mundo editorial siempre se ha basado en la confianza entre editoriales, escritores y lectores. Casos de traición a esa confianza han sido escasos”. Para muchos, leer un texto generado por IA que intenta emular la voz humana es visto como una estafa.
En este contexto, la certificación de libros escritos por personas ha hallado apoyo entre varios autores y editores. Markus Dohle, ex CEO de Penguin Random House, ha elogiado la narrativa humana, considerando que es “el alma de nuestra industria”. Sin embargo, la proliferación de mecanismos de detección de IA podría resultar problemática para los autores, quienes corren el riesgo de que un falso positivo dañe su reputación.
Riesgos de un escrutinio excesivo
Tom West, CEO de Publishers’ Licensing Services, advierte sobre los peligros de una posible “caza de brujas” en torno al uso de inteligencia artificial en la escritura. “El problema estará en los detalles”, afirma, sugiriendo que la responsabilidad debería recayendo en las plataformas y editoriales para declarar cuándo un contenido ha sido generado por IA, más que cuestionar a los autores sobre el origen de su obra.
Pangram, una startup de Nueva York que lidera el campo de detección de textos generados por IA, asegura contar con un 99.7% de precisión. Sin embargo, algunos autores han cuestionado la fiabilidad de estos métodos. Jerry Falade, un autor novel, relató que su dialecto nigeriano fue malinterpretado como una señal de uso de IA, lo que resultó en que su manuscrito fuera calificado como un 97% generado por inteligencia artificial.
La búsqueda de un equilibrio
En respuesta a estas preocupaciones, Books by People adopta un enfoque más humano. A diferencia de Pangram, que prioriza la tecnología en su proceso de detección, esta startup enfatiza el análisis de documentos y registros de comunicación para identificar indicios de autenticidad en el trabajo de un autor. Dennys aclara que su objetivo no es simplemente detectar el uso de IA, sino asegurar que el proceso de verificación sea justo y riguroso.
La startup se compromete a favorecer al autor en caso de duda sobre el uso de inteligencia artificial. Dennys concluye que su misión es proteger a los escritores de acusaciones infundadas, subrayando que “el pilar fundamental de nuestra organización es evitar que los escritores sean acusados injustamente”.
Algunos autores sostienen que es esencial que las editoriales muestren un compromiso firme con la literatura creada por seres humanos como una norma innegociable en el sector. “Es tan importante que las editoriales tengan una política de ‘no hacer trampa’ como lo es para las universidades, aunque no haya un método perfecto para hacerla cumplir”, afirma Ted Chiang. “Es una declaración de valores”.

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