Cerca de las costas turcas, un equipo de arqueólogos ha realizado un hallazgo que podría ofrecer una nueva perspectiva sobre el comercio marítimo en el Mediterráneo antiguo. Se trata de un naufragio descubierto en aguas poco profundas junto a la isla de Kekova, al suroeste de Antalya. El análisis del cargamento sugiere que la embarcación se hundió entre los años 2700 y 2400 a.C., un período que coincide con la construcción de la Gran Pirámide de Guiza. Si se confirma esta datación, el naufragio podría tener alrededor de 4,500 años, lo que lo convertiría en el más antiguo conocido hasta la fecha.
Este significativo descubrimiento tuvo lugar en 2024, bajo la dirección de Hakan Öniz, profesor de la Universidad Akdeniz, quien ha dedicado su carrera a investigar restos de embarcaciones antiguas en esta región. La ubicación fue señalada por pescadores locales, lo que llevó al equipo a encontrar vasijas de cerámica incrustadas en una pendiente rocosa del fondo marino.
Un naufragio singular
A diferencia de los naufragios típicos que presentan barcos hundidos en el fondo del océano, la madera de esta embarcación ha desaparecido debido a su larga exposición al agua. Sin embargo, el cargamento ha perdurado y ofrece valiosas pistas para reconstruir su historia. Es importante señalar que la datación actual es preliminar y podrían surgir nuevas evidencias que modifiquen la cronología del hallazgo. Los resultados de esta investigación están pendientes de ser publicados en una revista científica.
La cerámica como clave histórica
Entre los objetos recuperados del naufragio de Kekova se encuentran grandes recipientes cerámicos, como vasijas ovaladas de base plana con dos asas. Según Mehmet Nuri Ersoy, ministro de Cultura y Turismo de Turquía, destaca un ánfora que presenta nueve marcas distintas y dos agujeros, posiblemente utilizada para la elaboración de queso o mantequilla. Este hallazgo sugiere que los marineros podían haber producido sus propios alimentos durante sus largos viajes.
Al comparar estas características con otras piezas arqueológicas, los expertos pueden establecer cronologías y formular hipótesis sobre el movimiento de mercancías entre diversas regiones. Algunas de las vasijas decoradas podrían tener su origen en el valle central del Jordán, aunque esta afirmación aún requiere confirmación.
Karin Sowada, directora del Centro Australiano de Egiptología de la Universidad Macquarie, destaca la importancia de la cerámica en la investigación histórica, comparándola con el plástico, ya que, aunque se descompone en fragmentos, nunca desaparece por completo. Sowada se unió al equipo de investigación a solicitud de Öniz, aportando su experiencia en la datación de objetos cerámicos. La morfología y la técnica de fabricación de las vasijas son fundamentales para determinar la temporalidad de la carga, así como de otras piezas y del propio barco.
Interconexiones comerciales en el Mediterráneo
En la misma época en que esta embarcación navegaba, Egipto establecía rutas comerciales a través del puerto de Biblos, en lo que hoy es Líbano. El antiguo estado egipcio adquiría materias primas esenciales, como cedro, estaño, plomo, aceites, resinas vegetales, lapislázuli y plata. Investigaciones previas sugieren que Egipto ya estaba obteniendo plata de las minas de Laurión, al sureste de Atenas, hacia 2600 a.C. Aunque es poco probable que los barcos egipcios realizaran todos estos trayectos directamente, embarcaciones como la de Kekova pudieron haber sido parte de una extensa red marítima que facilitaba el transporte de mercancías entre puertos antes de llegar a su destino final.
En este contexto, determinar la procedencia de las vasijas y analizar su contenido podría revelar los vínculos entre comunidades que estaban separadas por grandes distancias y ayudar a entender su participación en redes de intercambio comunes.
El misterio del naufragio
Aunque se desconoce la ruta exacta que siguió la embarcación y la identidad de sus tripulantes, los investigadores sugieren que estos podrían haber sido navegantes de las comunidades costeras del Levante mediterráneo. Según la profesora Sowada, es probable que la nave buscara refugio en aguas protegidas durante una tormenta antes de chocar contra las rocas. La imagen de los marineros, posiblemente habitantes de la costa del Levante, enfrentando el pánico mientras su barco se hundía es conmovedora.
Durante cuatro meses, buzos trabajaron arduamente para recuperar las piezas cerámicas que se encontraban adheridas a la roca y cubiertas de organismos marinos, un proceso que requiere técnicas meticulosas de conservación. Este sitio arqueológico se suma a la rica costa turca, conocida por su gran cantidad de naufragios antiguos, que actúan como archivos excepcionales de objetos que podrían haberse perdido en asentamientos terrestres o que nunca fueron mencionados en textos históricos.
El ministro Ersoy ha expresado su compromiso con la preservación del patrimonio cultural submarino, destacando que cada nuevo hallazgo contribuye a enriquecer la historia marítima de Anatolia y a transmitir este legado a futuras generaciones. Hasta el momento, el naufragio de Dokós, en Grecia, ostentaba el título del más antiguo del mundo, con una antigüedad de 4,200 años, mientras que el naufragio más antiguo intacto se encontró en la costa de Bulgaria y data de aproximadamente 2,400 años.
Próximos pasos en la investigación
Por ahora, el naufragio de Kekova no ha revelado todos sus secretos. La confirmación de su antigüedad, el análisis de los residuos y la identificación más precisa de las vasijas serán los siguientes pasos cruciales para determinar su importancia histórica. Sin embargo, el hallazgo ya sugiere que las redes comerciales que conectaban a las civilizaciones mediterráneas podrían ser más complejas y antiguas de lo que se ha documentado hasta el momento.

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