El límite de satélites en la órbita terrestre baja
El Observatorio Europeo Austral (ESO) ha determinado que, para garantizar la efectividad de los telescopios terrestres en la exploración del cosmos, la órbita baja de la Tierra no debería albergar más de 100,000 satélites de bajo brillo. Este hallazgo contrasta considerablemente con las proyecciones actuales de gobiernos y compañías, que planean el lanzamiento de al menos 1.7 millones de estos dispositivos en los próximos años.
Los satélites, que van desde grandes artefactos hasta constelaciones que agrupan miles de unidades, reflejan parte de la luz solar. Para los astrónomos que estudian objetos extremadamente tenues, como galaxias distantes, esa luz reflejada puede resultar más intensa que la señal que intentan captar. Esta contaminación lumínica, sumada a las estelas que dejan en las imágenes, complica el trabajo de los telescopios, que deben lidiar con un cielo afectado por esta interferencia artificial, lo que implica un esfuerzo adicional en el procesamiento de datos para eliminar o corregir estas distorsiones.
Hasta el momento, los astrónomos han implementado ciertas estrategias operativas y programas diseñados para detectar y remover las estelas de los satélites. Sin embargo, estas soluciones se están volviendo insuficientes a medida que el número de artefactos en órbita continúa creciendo. Ante esta situación, los científicos del ESO han evaluado cuál es el límite de satélites que se puede permitir antes de que las observaciones científicas se vean comprometidas de manera significativa.
Investigación sobre el impacto de los satélites
En un estudio publicado en la revista Astronomy & Astrophysics, el astrónomo Olivier R. Hainaut ha estimado que el número de satélites en órbita no debería exceder los 100,000 de bajo brillo. Aunque esta cifra no es un límite absoluto —ya que no implica que 99,999 satélites sean seguros y 100,001 hagan ineficaces a los telescopios ópticos—, se señala que, a partir de esta cantidad, las pérdidas ocasionadas por los satélites comienzan a ser comparables a las que actualmente generan las fallas técnicas en los observatorios.
Actualmente, hay más de 17,000 satélites artificiales en órbita alrededor de la Tierra, de los cuales aproximadamente 6,600 se encuentran en la órbita terrestre baja. La mayoría de estos dispositivos activos pertenecen a constelaciones de internet, como la de Starlink de SpaceX, lo que ilustra la rapidez con la que se puede alcanzar el límite tolerable.
Variables que afectan la observación astronómica
El estudio del ESO identifica dos factores clave que determinan el impacto de los satélites en la astronomía: su número y su brillo. Si una constelación de alrededor de 60,000 satélites mantiene un brillo inferior a la magnitud 7, el límite recomendado por la Unión Astronómica Internacional, el aumento en el brillo del cielo natural sería prácticamente insignificante y las estelas podrían ser gestionables para la mayoría de los observatorios.
Sin embargo, el panorama cambia drásticamente con el aumento en la cantidad de satélites. Los investigadores simularon un escenario con un millón de objetos en órbita, similar a algunas propuestas comerciales, y encontraron que la mayoría de las exposiciones prolongadas presentarían múltiples estelas. Aun cuando todos esos satélites cumplieran con el límite de brillo recomendado, las pérdidas de información podrían oscilar entre el 10 y el 20% durante gran parte de la noche, superando las interferencias causadas por el clima o problemas técnicos en determinados observatorios.
Consecuencias del aumento de satélites
Además de las estelas, el estudio también evalúa cómo la luz reflejada por millones de satélites se dispersa en la atmósfera, incrementando el brillo general del cielo nocturno. Según las simulaciones, una constelación de 5,000 satélites extremadamente brillantes podría aumentar entre un 20 y un 30% el brillo natural del cielo, mientras que una constelación de 50,000 satélites podría elevarlo entre un 200 y un 300%, afectando gravemente las condiciones necesarias para realizar observaciones astronómicas profundas.
Xavier Barcons Jáuregui, director general del ESO, enfatiza la importancia de la astronomía como un recurso valioso para la humanidad, que abarca aspectos científicos, técnicos, económicos y educativos. Esta disciplina nos ayuda a comprender nuestro lugar en el universo. Sin embargo, el creciente número de satélites proyectados en la órbita baja terrestre representa un desafío considerable para esta capacidad. Barcons destaca la necesidad de limitar futuros lanzamientos y de que la comunidad científica, ingenieros y operadores de satélites, entre otros actores, colaboren para establecer medidas rigurosas de mitigación.

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