Es común pensar que el consumo de productos derivados del cannabis está asociado principalmente con la búsqueda de relajación. Sin embargo, a pesar de los efectos inmediatos que pueden inducir una sensación de calma, el uso frecuente de estas sustancias podría interferir en la manera en que el organismo regula el estrés a largo plazo. Este fue el hallazgo central de un estudio llevado a cabo por investigadoras de la Universidad Estatal de Oregón, quienes se centraron en el funcionamiento del sistema hormonal que responde a situaciones estresantes.
Investigación sobre el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal
La investigación se focalizó en el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, una intrincada red de comunicación que conecta el cerebro con las glándulas suprarrenales, las cuales regulan la liberación de cortisol, conocida como la «hormona del estrés». Esta hormona desempeña un papel crucial al ayudar al cuerpo a movilizar energía y prepararse para enfrentar los desafíos diarios al despertar.
En condiciones normales, los niveles de cortisol siguen un patrón diario predecible. Su concentración aumenta significativamente al inicio del día, fenómeno conocido como respuesta de cortisol al despertar (CAR, por su sigla en inglés). «El CAR es el incremento del cortisol que todas las personas experimentan por la mañana, alcanzando su punto máximo aproximadamente 30 minutos tras despertarse», explica Anita Cservenka, autora principal del estudio publicado en la revista Cannabis. Posteriormente, los niveles de cortisol disminuyen de manera gradual a lo largo del día, y los científicos consideran que este patrón es un indicador esencial del correcto funcionamiento del sistema de respuesta al estrés.
Estudio comparativo sobre el consumo de cannabis
Con el fin de investigar si el consumo regular de cannabis influye en este proceso, los investigadores llevaron a cabo una comparación entre 39 adultos que consumían cannabis al menos tres veces por semana durante el último año y 43 personas que casi no lo utilizaban. Durante dos días consecutivos, todos los participantes recolectaron muestras de saliva al momento de despertarse, media hora después y por la noche, además de registrar su nivel subjetivo de estrés y responder cuestionarios sobre sueño, ansiedad, depresión y uso de sustancias.
En un giro inesperado, ambos grupos mostraron respuestas de cortisol al despertar muy similares, lo que indica que el consumo de cannabis no parecía alterar el aumento normal de esta hormona en las primeras horas del día. Sin embargo, al analizar los niveles iniciales de cortisol, se observó una diferencia significativa: aquellos que consumían cannabis con regularidad presentaban concentraciones mucho más elevadas de esta hormona justo al despertar en comparación con los participantes del grupo de control.
Implicaciones de los niveles de cortisol elevados
Este hallazgo es relevante, ya que podría reflejar una alteración en la función basal del sistema de respuesta al estrés. En términos simples, los consumidores crónicos de cannabis podrían comenzar su día con un nivel de activación fisiológica más alto, incluso antes de enfrentarse a las exigencias diarias. Los investigadores advierten que mantener niveles elevados de cortisol durante períodos prolongados puede incrementar el riesgo de desarrollar ansiedad, depresión y problemas cardiovasculares.
Además, se descubrió que el aumento del cortisol matutino no dependía únicamente de la frecuencia de consumo de cannabis en el último mes. Más bien, estaba relacionado con las consecuencias negativas del uso, evaluadas mediante un cuestionario que mide problemas cognitivos, sociales, laborales y de salud asociados al consumo de cannabis. A medida que los participantes reportaban más problemas, sus niveles de cortisol al despertar tendían a ser más altos.
Resultados sobre estrés y calidad del sueño
Los participantes que consumían cannabis también presentaron puntuaciones más elevadas en las preguntas sobre estrés percibido, ansiedad, síntomas depresivos y calidad del sueño. No obstante, el estudio excluyó a personas con diagnósticos psiquiátricos para poder aislar los efectos del consumo frecuente de cannabis. Las autoras del estudio subrayan que sus resultados no establecen una relación causal. Al tratarse de un estudio observacional realizado en un solo momento, no es posible determinar si el uso frecuente de cannabis provoca las alteraciones observadas o si algunas personas, con diferencias previas en su sistema de respuesta al estrés, son más propensas a desarrollar un consumo problemático.
“Para comprender mejor la relación de causa y efecto, necesitaríamos estudiar a los mismos grupos de personas durante un periodo más prolongado, pero creemos que esto proporciona un punto de partida importante”, comenta Anita Cservenka. En definitiva, los hallazgos ofrecen nuevas evidencias sobre una relación compleja. “Nuestra investigación sugiere que los niveles de cortisol al despertar podrían actuar como un marcador neurobiológico del consumo problemático de cannabis, y es necesario investigar más a fondo esta conexión”, concluye Cservenka. “Investigaciones previas habían encontrado que la CAR estaba atenuada en consumidores frecuentes de cannabis, pero no replicamos ese hallazgo, lo que indica que existen muchos matices que podrían estar relacionados con las estrategias analíticas y las características de la muestra.”

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