agosto 21, 2026

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Madres y Padres de América Latina se Unen para Limitar el Uso del Celular en sus Hijos

Madres y Padres de América Latina se Unen para Limitar el Uso del Celular en sus Hijos

Ignacio Castro observó a su hijo, un niño de aproximadamente 11 años, mientras se encontraba en una librería de Buenos Aires. Su mente se llenó de incredulidad al preguntarse: «¿Me acaba de pedir un libro?». Pronto regresarían a Mendoza en avión tras su viaje a la capital, pero lo que realmente le sorprendía era la elección poco común de su hijo en una era dominada por la tecnología. En un contexto donde la mayoría de los adolescentes poseen smartphones, su hijo no solo carecía de uno, sino que su uso estaba prohibido.

La situación es notable en su colegio, el Colegio San Nicolás en Mendoza, donde tanto su hijo como sus compañeros de clase no tienen acceso a dispositivos móviles. Esto contrasta drásticamente con las estadísticas de Argentina, donde el 91% de los estudiantes de entre 11 y 12 años tiene un celular, según la Evaluación Nacional Aprender 2023. En el caso de los adolescentes en el último año de secundaria, este porcentaje aumenta al 97%, y la edad promedio para recibir su primer dispositivo es de 9.6 años. La clave de esta diferencia radica en el Pacto Parental, una iniciativa que ha permitido a este colegio alejar a los menores de las pantallas.

Definiendo el Pacto Parental

El Pacto Parental se describe como un acuerdo entre padres y madres que busca recuperar para sus hijos algo cada vez más escaso: el tiempo libre de pantallas. Este pacto se formaliza a través de un documento que se asemeja a un contrato legal, en el que los padres se comprometen a no entregarles un teléfono móvil hasta los 14 años y a prohibir el uso de redes sociales hasta que cumplan 16.

La iniciativa fue impulsada por Ignacio Castro durante el sexto grado en el Colegio San Nicolás, donde su hijo menor estaba matriculado. Castro notó ciertas dinámicas preocupantes entre los estudiantes, como casos de ansiedad, bullying y la creación de grupos de WhatsApp que segregaban a compañeros. Tras leer el libro «La generación ansiosa» del psicólogo Jonathan Haidt, se dio cuenta de que muchos de estos problemas estaban relacionados con el uso excesivo de la tecnología.

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Después de una conversación con la directora del colegio, Castro reunió a un grupo de 16 padres para discutir el impacto negativo de las pantallas en la salud mental de los adolescentes. Este diálogo reveló un aumento en casos de ansiedad, trastornos de atención y problemas de sueño, lo que llevó a la creación del Pacto Parental, inspirado en la experiencia de la asociación estadounidense Wait Until 8th, que promueve la misma idea de retrasar la entrega de smartphones hasta los 14 años.

El crecimiento de la iniciativa

La respuesta fue sorprendente; un padre se mostró dispuesto a firmar el acuerdo, lo que motivó a otros a hacer lo mismo. La directora del colegio propuso repetir la reunión y, una semana después, 200 padres asistieron. Un abogado que también era padre ayudó a redactar el documento, que fue impreso y firmado ese mismo día. La noticia del Pacto Parental se propagó rápidamente, primero en otros colegios de Mendoza y luego en ciudades como Córdoba, Buenos Aires, Neuquén y Tucumán. Desde febrero de este año, padres de Paraguay, Perú, Colombia y Puerto Rico han buscado adaptarlo en sus propias escuelas, lo que llevó a la creación de grupos de WhatsApp para organizar a los tutores.

El alcance del Pacto Parental ha crecido de manera exponencial, y aunque Castro no tiene un número exacto de cuántas personas están involucradas, considera que la expansión es positiva. La idea es que cada comunidad ajuste el pacto a sus necesidades específicas, fomentando la organización y evitando el aislamiento en un camino que, aunque desafiante, resulta esencial. Castro recuerda cómo, al retirar el teléfono de su hijo, este reaccionó con llanto y frustración, pero en poco tiempo se vio jugando en la plaza. Seis meses más tarde, su hijo le comentó que había comenzado a interactuar más con sus compañeros de clase, algo que había disminuido con la presencia constante de dispositivos.

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Una nueva realidad en México

La idea del Pacto Parental ha encontrado eco en América del Sur, mientras que en Norteamérica, específicamente en México, el Movimiento No Es Momento se expande desde Monterrey hacia ciudades como Aguascalientes, Celaya, Chihuahua, Cuernavaca y Ciudad de México. Fundado en noviembre de 2023 por Alexandra Fernández, Ana Sofía Guerra, Maya Barrera y Mónica Andrés, este colectivo surge de la preocupación sobre cómo el uso del celular afecta el tiempo de calidad de los niños.

Las fundadoras se dieron cuenta de que necesitaban una solución colectiva y, al investigar, encontraron la iniciativa Wait Until 8th. Sin embargo, al saber que su modelo no podía replicarse tal cual, decidieron crear su propia propuesta. Su herramienta principal, el Acuerdo No Es Momento, permite a los tutores registrar a sus hijos y comprometerse a no entregarles un celular hasta los 14 años y a restringir el acceso a redes sociales hasta los 16.

Impacto social y educativo

La firma del acuerdo es considerada crucial, ya que permite visibilizar el compromiso de los padres. Aunque algunos están de acuerdo, es esencial que este compromiso se formalice para mostrar el impacto del movimiento. Hasta la fecha, más de 7,000 acuerdos han sido firmados en México, involucrando a alrededor de 4,200 familias y 580 escuelas que se han unido para limitar el uso de smartphones.

El establecimiento de este acuerdo a nivel escolar es fundamental, ya que la presión social puede ser intensa para aquellos niños que no tienen acceso a teléfonos, especialmente en momentos de socialización como fiestas o torneos deportivos. El objetivo no es convencer a cada familia individualmente, sino transformar el entorno escolar y crear una comunidad solidaria.

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El movimiento ha crecido de manera orgánica, con la designación de madres líderes por ciudad y por colegio, quienes organizan juntas mensuales para compartir estrategias y novedades. Además, se llevan a cabo eventos donde especialistas abordan las problemáticas relacionadas con el uso de dispositivos en la infancia.

En Ciudad de México, la iniciativa ha encontrado apoyo en Mercedes Llamas, cofundadora de Restart, un centro especializado en salud digital infantil. A lo largo de su experiencia, Llamas ha tratado a niños con adicción a las redes sociales y ha observado que el uso excesivo de tecnología está relacionado con retrasos en el habla, problemas neuromotores y trastornos de ansiedad y depresión.

Desafíos y perspectivas de futuro

Los líderes de ambos movimientos coinciden en que la lucha es desigual. Un niño de 9 o 10 años no tiene las herramientas necesarias para hacer frente a algoritmos diseñados para maximizar el tiempo de uso. Mientras que no se espera que las soluciones provengan de instancias gubernamentales, las activistas mexicanas buscan apoyo legislativo. Han mantenido diálogos con legisladores para crear normativas que regulen el uso de smartphones en menores. Un ejemplo reciente es la propuesta de la diputada Laura Álvarez en el Congreso de la Ciudad de México, que sugiere retrasar el acceso a redes sociales hasta los 16 años y prohibir el uso de teléfonos en las escuelas.

No obstante, como afirma Llamas, las leyes por sí solas no son suficientes. Es fundamental promover una educación sólida sobre la crianza digital, ya que si los padres no están convencidos, es probable que ignoren las normas establecidas. La situación actual representa un desafío, pero también una oportunidad para que las familias y comunidades se unan en la búsqueda de un equilibrio saludable en la relación entre los niños y la tecnología.