El uso de chatbots de inteligencia artificial (IA) para abordar problemas de salud mental se está incrementando entre los jóvenes en Estados Unidos. Recientes estimaciones indican que la proporción de adolescentes que recurren a estas herramientas, como ChatGPT, ha aumentado de uno de cada ocho a uno de cada cinco en el último año. Esta tendencia, que podría replicarse e intensificarse en otras naciones, genera una serie de interrogantes sobre la regulación de estas tecnologías y la capacidad de los programas de atención psicológica para hacer frente a la creciente crisis de salud mental reconocida por varias organizaciones internacionales.
En el último trimestre del año pasado, la Corporación RAND, un centro especializado en el análisis de políticas públicas, llevó a cabo una encuesta a 1,058 jóvenes de entre 12 y 21 años para investigar la frecuencia y modalidades de uso de sistemas de IA como apoyo emocional. Los hallazgos mostraron que alrededor del 13% de los encuestados había utilizado estas plataformas para manejar episodios de tristeza, estrés, ansiedad o enojo. Los investigadores señalaron que esta cifra es considerable y la vincularon a factores como el bajo costo, la disponibilidad inmediata y la percepción de privacidad, aspectos que no siempre están presentes en la terapia convencional.
Incremento en el uso de chatbots
A principios del mes pasado, RAND presentó los resultados de un nuevo estudio con metodología similar, el cual reveló un aumento superior al 40% en la utilización de chatbots para la atención de temas de salud mental. En esta ocasión, se determinó que aproximadamente el 19.2% de los participantes había usado plataformas como ChatGPT, Gemini, Character.AI y Meta AI al menos una vez para recibir apoyo en situaciones emocionales o psicológicas. Entre quienes utilizan estas herramientas con fines terapéuticos, el 43% indicó que emplea estas plataformas al menos una vez al mes, y casi dos tercios admitieron que nunca lo habían discutido con nadie. Para los expertos, el uso recurrente y autónomo de estas herramientas representa un riesgo, especialmente porque los jóvenes suelen ignorar las limitaciones que estas tecnologias presentan en la orientación sobre salud mental.
Un fenómeno global en salud mental
La situación en Estados Unidos refleja una tendencia que también se observa en otras partes del mundo. Un análisis realizado en 18 países, incluido México, reveló que en promedio el 63% de los encuestados utiliza herramientas de IA para abordar cuestiones relacionadas con su bienestar emocional. Particularmente en México, el 71% de los participantes de entre 18 y 55 años confirmó su uso de estas tecnologías en temas de salud mental.
Lo que resulta aún más notable es el nivel de confianza que los mexicanos están depositando en estas herramientas. El 44% de los encuestados afirmó seguir casi siempre los consejos de la IA sobre salud mental, y el 40% confiesa confiar más en estas plataformas que en los profesionales del área. Además, el 39% prefiere recurrir a la IA en lugar de conversar cara a cara con familiares o amigos, mientras que el 38% reconoce que se ha vuelto dependiente de la inteligencia artificial para buscar apoyo emocional.
Consideraciones éticas y riesgos
Expertos advierten que este creciente uso de la inteligencia artificial con fines terapéuticos plantea varios riesgos. Muchos usuarios, especialmente los jóvenes, desconocen las limitaciones de estos sistemas al abordar problemas de salud mental. Ryan K. McBain, investigador de RAND, destacó que «los chatbots de IA han comenzado a integrar la forma en que muchos jóvenes buscan consejo sobre su salud mental, y la rapidez con que esto está sucediendo es notable.» Jonathan H. Cantor, también investigador de RAND, enfatizó la importancia de que los adultos inicien diálogos sobre cómo se utilizan estas herramientas y el rol que deben desempeñar.
Estas declaraciones surgen en un contexto donde se han emitido múltiples advertencias sobre los sesgos y peligros de los sistemas de inteligencia artificial en relación con la salud mental, un tema que incluso ha sido reconocido por empresas del sector como OpenAI. Un estudio reciente de la Universidad de Brown reveló que los chatbots utilizados como apoyo emocional no siempre cumplen con los estándares éticos requeridos, pudiendo ofrecer respuestas engañosas, ignorar el historial clínico de los usuarios y perpetuar prejuicios de género, culturales o religiosos.
Desafíos en la regulación de la IA
Ante este panorama, surgen preguntas críticas: ¿Cómo evitar que la inteligencia artificial reemplace la atención psicológica basada en la evidencia? ¿Es adecuado restringir su uso cuando los programas de asistencia pública son insuficientes? ¿Quién debe asumir la responsabilidad de regular el uso terapéutico de una tecnología que no fue diseñada para ese fin?
Las empresas del sector han advertido que sus sistemas de IA no fueron concebidos para sustituir las interacciones humanas o el trabajo de terapeutas y psicólogos. Sin embargo, reconocen que estas herramientas son frecuentemente empleadas con ese propósito, gracias a su estilo conversacional y su capacidad para generar respuestas personalizadas. Compañías como OpenAI han implementado «modos de uso» y otras medidas para abordar estas aplicaciones no previstas, prometiendo reforzar mecanismos de seguridad y redirigir a los usuarios hacia servicios profesionales de atención.
Una crisis de salud mental en el mundo
La crisis de salud mental que enfrentamos es innegable, no solo por el aumento de personas con trastornos mentales, sino también por la insuficiencia de recursos y personal especializado para brindar atención adecuada. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), antes de la pandemia de COVID-19, alrededor de mil millones de personas vivían con trastornos mentales. La emergencia sanitaria ha exacerbado esta situación, incrementando entre un 25% y un 27% los casos de depresión y ansiedad. Un estudio de la Facultad de Medicina de Harvard y la Universidad de Queensland estima que casi la mitad de la población mundial sufrirá algún trastorno de salud mental a lo largo de su vida.
A pesar de la magnitud del problema, cerca del 85% de las personas con trastornos mentales no recibe tratamiento, en gran parte debido a la escasez de personal especializado. Globalmente, existen apenas 13 profesionales de salud mental por cada 100,000 habitantes, y esta cifra es aún más alarmante en países de bajos ingresos, donde la disponibilidad puede ser hasta 40 veces menor que en economías más desarrolladas. En México, por ejemplo, se reportaron más de 144,890 casos de atención solicitada por menores de edad en 2024, pero muchos no recibieron la atención necesaria debido a limitaciones de infraestructura y recursos.
El futuro de la IA en la atención psicológica
Frente a esta situación, muchos especialistas consideran que la inteligencia artificial puede ser una herramienta valiosa para ampliar el acceso a servicios de salud mental y mitigar la escasez de profesionales. Sin embargo, coinciden en que su implementación debe ser responsable y siempre como complemento a la atención humana, no como un reemplazo. Las estadísticas, la evidencia científica y los hábitos de los usuarios indican que la solución a este fenómeno es compleja y no se resolverá simplemente con sanciones o prohibiciones. Es fundamental fomentar una mayor coordinación entre empresas tecnológicas, gobiernos, profesionales y usuarios para abordar este reto, un proceso que enfrenta significativos obstáculos debido a los diferentes intereses en juego.
Como apunta Ryan K. McBain, «debemos estar listos para el día en que algunas herramientas de salud mental basadas en IA realmente mejoren la vida de los adolescentes. Pero no podemos justificar el uso de productos no probados en la actualidad. Con los chatbots de IA, aún tenemos la oportunidad de construir algo sólido, comenzando por regulaciones que reconozcan la diferencia entre compañía, atención clínica y respuesta ante una crisis.»

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