octubre 7, 2026

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Rosa Vásquez Espinoza: La Científica Inspirada por su Abuela que Está Transformando el Futuro de la Amazonía

Rosa Vásquez Espinoza: La Científica Inspirada por su Abuela que Está Transformando el Futuro de la Amazonía

“A lo largo de los años, aprendí de manera sutil al observarla”, rememora la científica peruana Rosa Vásquez Espinoza sobre su abuela, quien tenía la costumbre de dar un beso a las flores y tratar la tierra con respeto. Estos gestos influyeron en su forma de entender la naturaleza y definieron el camino de su carrera científica. Su dedicación a la protección de las abejas sin aguijón de la Amazonía le ha valido uno de los Premios Rolex 2026, un prestigioso reconocimiento internacional que le permitirá expandir su proyecto de conservación.

La ceremonia de entrega se llevó a cabo en el Jardín Escénico de Chapultepec, en Ciudad de México. Allí, Francesco Raeli, director de la Iniciativa Perpetual Planet de Rolex, entregó el galardón a la bióloga química y conservacionista. Rosa fue una de las cinco mujeres homenajeadas en la edición de 2026, un año significativo que marca el 50 aniversario de estos premios, diseñados para respaldar iniciativas que mejoren la vida de las comunidades y protejan el medio ambiente.

Al recibir el premio, Vásquez Espinoza expresó su agradecimiento no solo a quienes han respaldado su investigación, sino también al territorio que ha dedicado años a estudiar. Este agradecimiento simboliza una conexión con la naturaleza que comenzó mucho antes de sus investigaciones, en su infancia, cuando encontraba en los paisajes peruanos un espacio para jugar, explorar y aprender de su entorno.

Una infancia entre saberes y naturaleza

Rosa creció en un entorno que abarcaba la sierra, la selva y la ciudad, donde su infancia estuvo marcada por el contacto con la naturaleza y las enseñanzas de su abuela, quien era experta en plantas medicinales. A pesar de no haber asistido a la escuela, su abuela le transmitió una visión del mundo que sigue influyendo en su labor científica. “Recuerdo mi infancia en la naturaleza como un juego, un espacio de libertad y expresión”, comenta Vásquez Espinoza en una entrevista. Su familia le permitió explorar y conectarse con el entorno sin restricciones, experiencias que forjaron su relación con la naturaleza.

Esta conexión adquirió un nuevo significado cuando Rosa comenzó su carrera profesional. En la ceremonia, recordó que su abuela le enseñó que todas las plantas, sin importar su tamaño, podían proporcionar medicina. Esta idea la llevó a reflexionar sobre cómo los conocimientos tradicionales enriquecen la investigación científica. Tras completar sus estudios en Estados Unidos, se preguntó cómo podría contribuir a frenar la destrucción que observaba en la Amazonía. Un profesor le sugirió trabajar en una gran empresa durante 20 años y regresar después para ayudar a su país, pero ella decidió que no podía esperar tanto tiempo. Optó por dedicar sus conocimientos científicos a la conservación del territorio y a colaborar con las comunidades locales.

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El descubrimiento de las abejas sin aguijón

En 2020, Rosa comenzó a investigar las propiedades de la miel de las abejas sin aguijón, o meliponas, que han sido utilizadas por diversas comunidades indígenas de la Amazonía durante generaciones. Su trabajo permitió identificar compuestos bioactivos en la miel y documentar la relación entre la deforestación y la disminución de estas abejas, cruciales para la polinización de muchas especies vegetales.

Lo que comenzó como un proyecto de investigación científica evolucionó cuando tuvo la oportunidad de observar la relación entre las comunidades y las abejas. Durante una sesión fotográfica en la Amazonía peruana, Rosa pasó cerca de cuatro horas junto a estos insectos, una experiencia que describe como meditativa. También vio cómo los líderes indígenas cantaban a las abejas mientras preparaban las colmenas, lo que le permitió entender la conexión profunda que existía entre las comunidades y la naturaleza.

Ese día, escuchó a los miembros de la comunidad hablar sobre la desaparición de las abejas y el impacto que esto tenía en sus vidas. La disminución de estos polinizadores significaba la pérdida de frutos, plantas medicinales y conocimientos ancestrales. Rosa pensó en su propia abuela y en lo que habría significado no haber podido aprender de ella. Esta experiencia redefinió el propósito de su investigación, ya que proteger a las abejas implicaba conservar los ecosistemas y colaborar con las comunidades que han mantenido una relación con ellas a lo largo del tiempo.

Desafíos y logros en el camino

El camino hacia la conservación no estuvo exento de dificultades económicas. Rosa compartió que el primer año de su proyecto estuvo lleno de rechazos. Presentaron más de 120 solicitudes de financiamiento sin éxito y tuvieron que usar sus propios ahorros para continuar. Después de un año de incertidumbre, lograron obtener un primer fondo que les permitió iniciar sus actividades. Sin embargo, también enfrentó el desafío de abrirse paso como una joven científica latinoamericana. Rosa recuerda que al principio experimentó miedo y no siempre encontró el espacio para compartir sus ideas.

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“Nos decían que nuestras propuestas eran muy ambiciosas o desenfocadas, lo cual me atormentaba”, confiesa. A pesar de las dudas y del síndrome de la impostora que reconoce haber sentido, decidió seguir adelante, ya que las conversaciones con las comunidades confirmaban la relevancia de su proyecto. Su trabajo también la llevó a explorar el campo del derecho, y en 2025, las municipalidades peruanas de Satipo y Nauta aprobaron ordenanzas que reconocen derechos legales a las abejas nativas sin aguijón, incluyendo el derecho a existir en un ambiente saludable. Este fue el primer reconocimiento legal de este tipo para un insecto, fruto de un proceso en el que participaron comunidades indígenas, investigadores y organizaciones dedicadas a la conservación.

Expansión de un proyecto con impacto internacional

El reconocimiento por parte de Rolex llega en un momento crucial para la investigación de Rosa. Su organización, Amazon Research Internacional, ha estudiado 40,000 hectáreas de selva, identificado más de 300 colmenas silvestres y capacitado a más de 350 personas indígenas en prácticas sostenibles de crianza de abejas, así como en investigación ecológica y emprendimiento. De acuerdo con Rolex, el 70% de las personas capacitadas son mujeres.

El Premio Rolex, parte de la Iniciativa Perpetual Planet, permitirá expandir su trabajo de conservación, incluyendo la creación de 10 santuarios de abejas sin aguijón administrados por comunidades indígenas, el mapeo de 200,000 hectáreas y el desarrollo de un corredor de conservación que conecte diferentes territorios de la Amazonía, con potencial de extenderse hacia Bolivia y zonas fronterizas de Perú, Colombia y Brasil.

Durante su visita a México, Rosa mencionó que su equipo ya está colaborando en una primera fase con Bolivia y ha iniciado conversaciones con Ecuador y Colombia. Además, ha recibido interés de organizaciones y personas de 11 países en seis continentes que desean replicar la experiencia peruana de reconocimiento de los derechos de las abejas. La posibilidad de llevar su investigación a otras áreas representa un cambio significativo para un proyecto que, en sus inicios, enfrentó dificultades para obtener financiamiento y mantener a su equipo de trabajo.

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Preservación del conocimiento ancestral

Rosa ha dedicado años a investigar los efectos de la deforestación sobre las abejas y los ecosistemas amazónicos, pero también se preocupa profundamente por la pérdida de conocimientos ancestrales. Durante su trabajo con comunidades indígenas, ha detectado que uno de sus principales temores es que las nuevas generaciones dejen de transmitir su legado cultural. La científica señala que el acceso a internet y las redes sociales están transformando las aspiraciones de los jóvenes, lo cual la lleva a buscar soluciones.

Para abordar esta preocupación, su equipo está desarrollando una enciclopedia intercultural de conocimientos tradicionales, creada con la participación de diversas comunidades. Este proyecto busca documentar saberes y encontrar formas innovadoras de acercarlos a las nuevas generaciones. Rosa reconoce que este esfuerzo también la compromete personalmente, ya que su trayectoria le ha permitido acceder a espacios de investigación que antes no estaban disponibles para generaciones pasadas. Ahora, espera que más jóvenes indígenas encuentren oportunidades para participar en la ciencia y contribuir a la protección de sus territorios.

Al ser preguntada durante la ceremonia sobre lo que pensaría su abuela sobre el reconocimiento que estaba recibiendo, Rosa respondió que su abuela se sentiría feliz mientras su nieta lo estuviera. Pero también enfatizó que le alegra saber que ahora hay jóvenes indígenas que están encontrando oportunidades que su abuela nunca tuvo. Uno de los cambios más significativos que podría lograr su proyecto sería que, en 20 años, las comunidades amazónicas cuenten con ecosistemas saludables, abejas prósperas y nuevas generaciones que puedan perseguir sus sueños; un futuro donde más jóvenes indígenas lideren la ciencia y su presencia deje de ser una rareza.

A medida que su investigación se expande hacia otros territorios de la Amazonía, Rosa se esfuerza por asegurar que el conocimiento se conserve y que las futuras generaciones tengan la posibilidad de decidir cómo utilizarlo.

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